Los registros de mareógrafos y satélites coinciden en una misma tendencia inequívoca: el nivel del mar no solo está subiendo, sino que lo hace a un ritmo cada vez más rápido.
El nivel del mar está subiendo más deprisa que en ningún otro momento de los últimos 4.000 años, lo que pone de relieve la urgente necesidad de actuar "a escala mundial y local". Una nueva investigación advierte de que el cambio climático y las actividades humanas están provocando esta subida, que representa una grave amenaza de inundaciones para las principales ciudades de todo el mundo.
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Los resultados, publicados en la revista 'Nature', muestran que desde 1900 el nivel del mar ha aumentado a un ritmo medio de 1,5 milímetros al año. Según Yucheng Lin, que dirigió la investigación, este ritmo supera el de cualquier periodo de un siglo a lo largo de los últimos milenios.
Liam Gilliver. El nivel del mar sube a un ritmo nunca visto en 4.000 años de historia: ¿Por qué? EuroNews (23/10/2025).
Desde finales del siglo XIX, el incremento acumulado oscila entre 15 y 25 centímetros, una cifra que podría parecer modesta si no fuera por la aceleración registrada en las últimas décadas, cuando las tasas anuales han alcanzado entre 3 y 4 milímetros (hasta 20 en algunos casos).
Este cambio de velocidad es clave, porque revela que el sistema climático está respondiendo de forma más intensa a los forzamientos actuales. La expansión térmica del agua -un proceso físico inevitable cuando los océanos absorben calor- explica una parte sustancial del aumento, pero el resto procede de la pérdida masiva de hielo continental.
La expansión térmica oceánica, los glaciares, Groenlandia y la Antártida contribuyen en un 42 %, 21 %, 15 % y 8 % al nivel medio global del mar durante el período de 1993 a la actualidad.
WCRP Global Sea Level Budget Group (2018). Global sea-level budget 1993–present. Earth System Science Data 10:1551-1590. DOI: https://doi.org/10.5194/essd-10-1551-2018.
Los glaciares de montaña retroceden en prácticamente todas las regiones del planeta, y las grandes masas de hielo de Groenlandia y la Antártida aportan volúmenes crecientes de agua dulce al océano. Solo Groenlandia, en un año reciente, perdió alrededor de 80.000 millones de toneladas de hielo, una cantidad suficiente para elevar por sí sola el nivel del mar global varios milímetros y que ilustra la magnitud del desequilibrio actual.
Esta señal global se traduce ya en efectos locales medibles. En España, los mareómetros del Mediterráneo y del Atlántico muestran una subida sostenida del nivel del mar, con impactos visibles en deltas y playas bajas como el Delta del Ebro o el entorno del Mar Menor. A escala internacional, archipiélagos como Maldivas o Tuvalu registran inundaciones costeras cada vez más frecuentes durante mareas vivas, incluso en ausencia de tormentas, un fenómeno conocido como “inundaciones de día soleado”. Tuvalu, por ejemplo, es el primer país del mundo que inicia una migración climática por el riesgo de desaparecer bajo el mar:
Tuvalu está considerado entre los países más vulnerables ante los efectos del cambio climático. “Se enfrenta a una amenaza por las inundaciones permanentes y las provocadas por las olas, y algunos estudios han sugerido que muchas de sus islas bajas se volverán inhabitables en el siglo XXI”, resume el Banco Mundial en un informe sobre riesgos climáticos en este microestado.
Marta Montojo. El 82% de los ciudadanos de Tuvalu pide un visado climático a Australia porque su país se hunde por la subida del mar. ElDiario.es (31/07/2025).
▶ La subida del nivel del mar: Matalascañas como espejo del cambio climático
El contexto geológico: un comportamiento excepcional
La perspectiva geológica permite dimensionar mejor la excepcionalidad del momento presente. Durante los últimos cuatro milenios, el nivel del mar se ha mantenido relativamente estable, con variaciones lentas y de pequeña amplitud asociadas a cambios climáticos naturales. Por otro lado, los aumentos actuales no tienen precedentes en ese intervalo temporal y solo encuentran paralelos en épocas remotas del pasado, cuando las condiciones climáticas eran muy distintas. El interglacial Riss-Würm, hace unos 120.000 años, constituye un ejemplo revelador: con temperaturas globales apenas dos grados por encima de las preindustriales, el nivel del mar se situaba al menos cinco metros por encima del actual. Aún más atrás, hace tres millones de años, durante el Plioceno, un calentamiento de entre dos y tres grados fue suficiente para elevar los océanos hasta veinte metros por encima de su posición presente.
Estos episodios demuestran que el sistema oceánico es extremadamente sensible incluso a incrementos moderados de temperatura y que, una vez desencadenados ciertos procesos -como la desestabilización de plataformas de hielo o la expansión térmica acumulada-, la respuesta del nivel del mar puede ser profunda y duradera.
Las huellas de esos niveles marinos elevados se conservan hoy en forma de playas y terrazas marinas fósiles en distintos puntos del planeta, desde el litoral mediterráneo español hasta costas de Australia o Sudáfrica. Estos registros geológicos actúan como “archivos naturales” que confirman que el océano responde con gran amplitud cuando el clima se calienta, incluso si ese calentamiento parece moderado en términos absolutos.
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| Recreación aérea del antiguo lago Ligustino como gran mar interior del Guadalquivir en la época del Alto Imperio Romano, cuando el mar llegaba a la actual Sevilla. Captura de una recreación en vídeo realizada por el Grupo ADM (disponible aquí). |
Del pasado al presente: una advertencia para el futuro
La comparación entre el pasado geológico y la situación contemporánea no es un ejercicio académico, sino una advertencia clara sobre la trayectoria que estamos siguiendo. Si pequeñas variaciones de temperatura en el pasado provocaron transformaciones tan drásticas en el volumen oceánico, el calentamiento actual, que ya supera el grado respecto a la era preindustrial y continúa en ascenso, apunta hacia escenarios de subida del nivel del mar que tendrán consecuencias significativas para las sociedades humanas. La urgencia de adoptar medidas de mitigación no responde solo a la necesidad de frenar el calentamiento, sino también a la de evitar que se activen umbrales irreversibles en los grandes sistemas de hielo del planeta. Cada décima de grado cuenta, porque cada una de ellas puede traducirse en metros de océano en el futuro.
▶ El cambio climático explicado a un golden retriever (1)
▶ El cambio climático explicado a un golden retriever (2)
Las proyecciones actuales indican que regiones densamente pobladas y económicamente estratégicas -como las costas del Golfo de Cádiz, los Países Bajos, Bangladesh o grandes áreas urbanas del sudeste asiático- estarán entre las más expuestas a la subida del nivel del mar y al aumento de la erosión y las inundaciones. La evidencia científica es coherente y convergente: el nivel del mar seguirá subiendo durante décadas o siglos, incluso si las emisiones se reducen, y la magnitud de ese ascenso dependerá en gran medida de las decisiones que se tomen en el presente.
Muchas de las áreas agrícolas más productivas del mundo se encuentran en deltas y estuarios, especialmente en los países más pobres. Gran parte de estos territorios, con edafotaxa (como lo son los Fluvisoles) de alta calidad para tales fines, quedarán sumergidos, produciéndose una pérdida de recursos edáficos. En otros lugares existen ecosistemas y suelos de gran interés, como es el caso de los manglares, que también desempeñan papeles de gran relevancia sobre la vida marina y la protección de la linea de costa ante tsunamis y huracanes. Todos ellos se perderán y la línea de costa resultante padecerá en mayor medida los efectos de tales eventos catastróficos. En cualquier caso, la edafosfera planetaria tenderá a contraerse en estos lugares, con independencia de la aptitud de usos de sus paisajes de suelos y ecosistemas.
Juanjo Ibáñez. Suelos, subida del nivel del mar y cambio climático. Un universo invisible bajo nuestros pies (28/07/2009).
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