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Mostrando las entradas etiquetadas como clima mediterráneo

Aprender a convivir con el fuego: cómo prevenir los grandes incendios

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El texto es una nota de prensa elaborada por el Vicerrectorado de Investigación de la Universidad de Sevilla (28/07/2026) a partir de una entrevista sobre la necesidad de aprender a convivir con los grandes incendios forestales. Antonio Jordán, investigador de la Universidad de Sevilla, destaca el papel de la prevención, la gestión forestal, la revitalización del medio rural y la corresponsabilidad ciudadana. El artículo aborda también el riesgo en la interfaz urbano-forestal y la importancia de preparar las viviendas frente al fuego. La propuesta pasa por desarrollar una nueva cultura del fuego basada en el conocimiento, la planificación y la construcción de territorios más resilientes.

Conviviendo con el fuego

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Los grandes incendios forestales que han marcado el verano de 2026 demuestran que el verdadero problema no es solo quién inicia el fuego, sino por qué algunos incendios alcanzan dimensiones catastróficas. El abandono del mundo rural, la acumulación de combustible vegetal y el cambio climático han creado paisajes mucho más vulnerables, donde incluso los mejores dispositivos de extinción pueden verse superados. Prevenir estos incendios exige una gestión activa del territorio durante todo el año, recuperando paisajes en mosaico, impulsando la selvicultura y apostando por medidas que reduzcan el riesgo antes de que aparezcan las llamas.

La subida del nivel del mar explicada sin rodeos

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El nivel del mar está subiendo de forma inequívoca y cada vez más rápida, tal y como confirman mareógrafos, satélites y registros geológicos. Desde finales del siglo XIX el aumento acumulado ronda los 15–25 cm, pero lo preocupante es la aceleración reciente, ligada a la expansión térmica de los océanos y, sobre todo, a la pérdida masiva de hielo continental en glaciares, Groenlandia y la Antártida. Los ejemplos actuales -desde el Delta del Ebro hasta archipiélagos como Tuvalu- conectan directamente con lecciones del pasado geológico, como el Riss-Würm o el Plioceno, cuando pequeños aumentos de temperatura se tradujeron en océanos varios metros más altos. La ciencia es clara: cada décima de grado importa y las decisiones presentes condicionarán el alcance futuro de la subida del nivel del mar.

Clima mediterráneo: lluvia, erosión e inundaciones

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Las inundaciones en el clima mediterráneo no dependen solo de cuánto llueve, sino de cómo llueve y de cómo responde el suelo. Las precipitaciones intensas y concentradas saturan rápidamente suelos poco profundos, arcillosos o degradados, favoreciendo la escorrentía superficial, la erosión y el desbordamiento de cauces. Factores como el sellado superficial, la pérdida de estructura, los incendios forestales y una gestión inadecuada del territorio amplifican estos procesos. Proteger el suelo mediante cubiertas vegetales, prácticas de conservación y una buena gestión del drenaje es clave para reducir el riesgo de erosión e inundaciones en un escenario de cambio climático.

La subida del nivel del mar: Matalascañas como espejo del cambio climático

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La desaparición de la playa de Matalascañas este invierno evidencia la erosión costera acelerada por el aumento del nivel del mar, la urbanización y el tránsito humano. Las dunas ya no protegen la costa, el turismo obliga a reforzar paseos marítimos y el impacto se extiende a acuíferos, suelos agrícolas y ecosistemas como humedales y marismas. Este fenómeno no es aislado: afecta al delta del Ebro, la albufera de Valencia, la Manga del Mar Menor y el Parque Nacional de Doñana, mostrando cómo el cambio climático transforma la vida humana y los paisajes que creíamos eternos.

Los comienzos de la ciencia del suelo en África

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En el África subsahariana, la expansión de la agricultura enfrentó obstáculos naturales como la hostilidad del desierto, los bosques densos y la carga de enfermedades tropicales, lo que limitó el sedentarismo. Sin embargo, en regiones como la zona entre Nigeria y Camerún y África Occidental surgieron focos agrícolas independientes hace entre 3.000 y 5.000 años. Se domesticaron cultivos como el mijo, el sorgo, el arroz africano, tubérculos, batatas y la alubia carilla, así como especies útiles como la palma aceitera. La migración bantú contribuyó decisivamente a la difusión de prácticas agrícolas, el uso del hierro y la adaptación regional. Este proceso provocó un notable crecimiento poblacional, al facilitar una vida más estable basada en la producción de alimentos.

Los comienzos de la ciencia del suelo en el Mediterráneo oriental: Israel

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Desde los tiempos de Moisés, la tierra ha sido mucho más que sustento para los antiguos hebreos: fue símbolo de promesa, poder divino y orden social. Este artículo explora la relación entre religión, agricultura y territorio en la tradición hebrea, abordando cómo las prácticas de cultivo, la dependencia climática y la institución del barbecho reflejaban una visión teológica del suelo como recurso sagrado. Desde las uvas de Canaán hasta el año sabático, la fertilidad del suelo estaba tan unida a la obediencia divina como a las lluvias estacionales.

Los comienzos de la ciencia del suelo en el Mediterráneo oriental: Palestina

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La agricultura palestina tiene sus raíces en el Neolítico, con asentamientos tempranos como Jericó hacia el 8.000 a.e.c., donde se cultivaban especies fundadoras como la espelta, el farro, lentejas, guisantes y lino. La domesticación de la higuera y el cultivo del olivo y los cítricos marcaron la diversidad agrícola del Mediterráneo oriental. La vida rural incluía animales domésticos esenciales como cabras, ovejas y bueyes. Durante siglos, la agricultura fue de subsistencia, centrada en el trigo, la cebada y las aceitunas, hasta que en el siglo XIX se orientó al comercio, destacando la producción de cítricos para exportación. Las transformaciones sociales y la concentración de la tierra afectaron profundamente al campesinado local. Relatos históricos de viajeros como Al-Maqdisi y Suriano reflejan la riqueza agrícola de la región. Bajo el dominio otomano, se intentó suprimir el sistema de propiedad comunal musha'a, que persistió como símbolo de una estructura agraria tradicional pro...

Desertificación y seguridad alimentaria

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El calentamiento global acelera la aridificación y la desertificación de los suelos, especialmente en regiones vulnerables como el Mediterráneo y España. La combinación de altas temperaturas, sequías prolongadas, erosión hídrica y sobreexplotación agrícola reduce la fertilidad del suelo, amenaza la biodiversidad y compromete la seguridad alimentaria. La desertificación no es solo un fenómeno ambiental, sino un problema social y económico que incrementa la pobreza, los conflictos y la migración forzada. La gestión sostenible del suelo, la selección de cultivos adaptados y la reducción de emisiones son claves para frenar este proceso.

Prevenir, restaurar y convivir con el fuego

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Los incendios forman parte natural del paisaje mediterráneo desde hace millones de años y han moldeado su biodiversidad. Sin embargo, el cambio climático, el abandono rural y la acumulación de biomasa han incrementado la frecuencia e intensidad de los grandes incendios forestales. Frente a las políticas de “tolerancia cero”, la gestión sostenible pasa por crear paisajes en mosaico, recuperar agricultura y pastoreo, aplicar quemas prescritas, proteger bosques maduros y humedales, y fomentar la regeneración natural con especies resilientes. Aprender a convivir con el fuego, en lugar de eliminarlo, es clave para la conservación y adaptación al nuevo contexto climático. Este artículo fue publicado originalmente en  The Conversation  bajo licencia CC BY-ND 4.0 . Lea el  original .

Régimen del fuego y gestión sostenible

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El fuego es un proceso natural que ha moldeado los ecosistemas mediterráneos durante millones de años, y muchas especies presentan adaptaciones específicas para sobrevivir o regenerarse tras incendios. En el Mediterráneo, la frecuencia e intensidad de los incendios dependen del clima (veranos secos, olas de calor, viento), el combustible vegetal (densidad, continuidad y abandono rural) y la actividad humana (igniciones accidentales o intencionadas). Los grandes incendios ocurren cuando coinciden condiciones extremas y vegetación continua. La gestión preventiva incluye generar paisajes heterogéneos, convivir con el fuego mediante quemas prescritas, reducir riesgos en áreas urbanas y rurales, conservar humedales y bosques refugio, restaurar con especies resistentes y mitigar el cambio climático, integrando ciencia, planificación y participación ciudadana.

Tormentas de fuego

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Los incendios de sexta generación representan un fenómeno extremo y creciente vinculado al cambio climático, la acumulación de biomasa forestal y el abandono del paisaje agrario tradicional. Estos megaincendios, de comportamiento impredecible y efectos devastadores, superan la capacidad de extinción actual y generan procesos como tormentas de fuego, pirocúmulos y rayos que propagan el fuego de forma caótica. La clasificación por generaciones, desarrollada en la región mediterránea, permite entender la evolución de estos eventos y sus retos. La prevención pasa por una gestión activa del territorio, recuperación del mosaico agroforestal, y un cambio profundo en las políticas de ordenación del paisaje y en los sistemas de extinción.

Bosque, clima y agua

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Aunque España ha incrementado notablemente su superficie arbolada en las últimas décadas, la salud de sus masas forestales, especialmente de los boques maduros, está en declive por el estrés climático. La defoliación afecta a un número creciente de árboles, especialmente en regiones mediterráneas, donde especies como encinas, pinos y alcornoques muestran signos de debilitamiento. A pesar de precipitaciones puntuales, muchas masas forestales no logran recuperarse, y se documentan fenómenos de mortalidad progresiva. Los bosques maduros muestran mayor resiliencia frente a incendios y sequías, pero representan una mínima parte del total. Incluso en parques nacionales se observa un fuerte deterioro. Para garantizar la sostenibilidad forestal, se requiere una gestión forestal adaptativa basada en la reducción de densidades, la diversificación estructural y el acompañamiento ecológico de los procesos naturales.

Fuego, clima y biodiversidad

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Los incendios forestales son una perturbación ecológica cuya recurrencia y distribución global están determinadas por factores climáticos, vegetación y uso del suelo. Desde el Devónico, la presencia de oxígeno y combustible vegetal ha permitido incendios recurrentes que han influido en la evolución de ecosistemas y especies. Zonas como la cuenca mediterránea, California, Chile central o Australia presentan incendios frecuentes debido a su clima seco y cálido. El abandono agrícola, la tala descontrolada y la supresión de incendios alteran la estructura del combustible y aumentan el riesgo. Además, el cambio climático y los cambios de uso del suelo intensifican la frecuencia e impacto del fuego, afectando la biodiversidad, la genética de las especies y la degradación del suelo. En algunos ecosistemas adaptados al fuego, la supresión puede tener efectos negativos.

Megaincendios y cambio climático

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Los megaincendios representan una nueva realidad en el contexto del cambio climático. Se caracterizan por su gran extensión, intensidad y dificultad para ser controlados, desbordando las estrategias convencionales de extinción. Su frecuencia aumenta en un clima más cálido y seco, potenciado por fenómenos como El Niño y prácticas humanas insostenibles. Estos incendios generan enormes pérdidas ecológicas, sociales y económicas, como muestran casos recientes en España. Aunque el fuego ha sido históricamente una herramienta de gestión de ecosistemas, los incendios actuales exigen una revisión urgente de las políticas forestales y una apuesta por enfoques sostenibles.

Ingeniería vegetal: cómo las plantas captan agua en zonas áridas

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En ambientes áridos, las plantas utilizan diversas estrategias para captar y retener agua, vital para su supervivencia. Estas adaptaciones incluyen raíces profundas, almacenamiento de agua en sus tejidos, fotosíntesis CAM, cutículas gruesas y hojas modificadas. Además, algunas plantas aprovechan la condensación de humedad del aire, convirtiendo cada gota en un recurso valioso. En zonas con escasez de agua, estas estrategias son esenciales para sobrevivir en condiciones adversas.

El color [rojo] que cayó del cielo

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El término “ terra rossa ” proviene del latín y significa “suelo rojo” o “tierra roja”. Aunque existen suelos rojos en otros lugares del mundo (como algunos suelos volcánicos), la  terra rossa  posee algunas características peculiares y es común en áreas con  climas de tipo mediterráneo . En breve, el mediterráneo es un clima templado, con alternancia de inviernos suaves y lluviosos con veranos secos y calurosos; tanto el otoño y como la primavera son variables tanto en temperaturas como en precipitaciones.  Las zonas de clima mediterráneo  incluyen, desde luego, la cuenca mediterránea (sur de Europa, norte de África y la costa occidental de Oriente Próximo). Pero también incluye parte de la costa occidental de América del Norte (California), América del Sur (Chile), Sudáfrica (áreas próximas a Ciudad del Cabo) y parte de las costas sur y suroccidental de Australia (como Perth y Adelaida)