Clima mediterráneo: lluvia, erosión e inundaciones

Las inundaciones en el clima mediterráneo no dependen solo de cuánto llueve, sino de cómo llueve y de cómo responde el suelo. Las precipitaciones intensas y concentradas saturan rápidamente suelos poco profundos, arcillosos o degradados, favoreciendo la escorrentía superficial, la erosión y el desbordamiento de cauces. Factores como el sellado superficial, la pérdida de estructura, los incendios forestales y una gestión inadecuada del territorio amplifican estos procesos. Proteger el suelo mediante cubiertas vegetales, prácticas de conservación y una buena gestión del drenaje es clave para reducir el riesgo de erosión e inundaciones en un escenario de cambio climático.


 Antonio Jordán López

Lluvias, erosión e inundaciones

¿Cómo se producen las inundaciones?

Una inundación ocurre cuando el agua ocupa superficies que normalmente están secas. Es algo tan simple -y tan complejo- como que llega más agua de la que el suelo, los ríos o las infraestructuras pueden absorber, canalizar o recibir. Suele pasar durante lluvias muy intensas o que duran más de lo habitual: el suelo se satura, deja de absorber y el agua empieza a correr por la superficie. Esa escorrentía termina llegando a arroyos y ríos, que pueden desbordarse si reciben más caudal del que pueden transportar.


Una mujer con paraguas rojo camina por una calle inundada de Grazalema durante el paso de la borrasca Leonardo (04/02/2026).
Una mujer camina por una calle inundada de Grazalema durante el paso de la borrasca Leonardo (04/02/2026). Román Ríos/EFE.

Daniel Hillel dio esta definición de escorrentía superficial:

Cuando la tasa a la que el agua de lluvia llega a la superficie del suelo supera la tasa de infiltración del suelo, el exceso de agua tiende a acumularse sobre la superficie. Cuando la superficie no es perfectamente plana ni lisa, ese exceso de agua se concentra en las depresiones, formando charcos. El volumen total de agua así retenido, por unidad de área, se denomina capacidad de almacenamiento superficial. Esta depende tanto de las irregularidades geométricas (rugosidad) de la superficie como de la pendiente general del terreno.

Solo cuando este almacenamiento superficial se llena y los charcos comienzan a desbordarse puede iniciarse la escorrentía propiamente dicha. El término escorrentía superficial representa, por tanto, la fracción del agua que llega a la superficie y que ni es absorbida por el suelo ni queda almacenada en ella, sino que fluye pendiente abajo. La escorrentía superficial suele comenzar como un flujo en lámina [sheet, en inglés], pero, a medida que se acelera y aumenta su poder erosivo, acaba erosionando la superficie del suelo y formando canales.

Daniel Hillel (2005). Water harvesting. En: D. Hilllel (Ed.), Encyclopedia of Soils in the Environment. Elsevier. Pp.: 264-270. DOI: https://doi.org/10.1016/B0-12-348530-4/00306-4.


Esquema del desplazamiento de la escorrentía superficial sobre una ladera.
Desplazamiento de la escorrentía superficial sobre una ladera.


Pero no todo depende de la lluvia. A veces, las inundaciones aparecen porque los sistemas de drenaje no funcionan bien, porque están obstruidos o porque no fueron diseñados para episodios tan extremos. En zonas costeras, el problema puede venir del deshielo rápido o del mar (mareas extraordinarias, temporales o fenómenos como los tsunamis), pero estas no son las causas de las inundaciones que estamos viendo estos días. El clima mediterráneo y el cambio climático sí son más importantes en este caso.

¿Cómo es la lluvia en el clima mediterráneo?

El clima mediterráneo tiene una característica muy particular: no reparte la lluvia de forma equitativa. Ni a lo largo del año, ni entre territorios cercanos. Por decirlo de forma sencilla, llueve pocas veces, donde quiere y, a veces, de golpe.

En la Sierra de Aracena llueve en otoño e invierno

En la Sierra de Aracena, por ejemplo, las lluvias más abundantes suelen llegar en otoño e invierno, cuando las borrascas atlánticas descargan con fuerza. Allí, los suelos son poco profundos -algo típico de las zonas montañosas- y se saturan enseguida.



En la campiña de Sevilla llueve muy poco

En cambio, en la Campiña de Sevilla, la lluvia es más escasa y aparece de forma más dispersa. Los episodios intensos son menos frecuentes, pero cuando llegan, los suelos arcillosos, pesados y poco permeables hacen que el agua se quede en la superficie y genere escorrentías rápidas.

En la Sierra de Grazalema, las lluvias son muy abundantes

Y luego está la Sierra de Grazalema, en Cádiz, que juega en otra liga: es una de las zonas más lluviosas de España. Lo que allí cae en un solo mes puede superar la lluvia de todo un año en otras regiones húmedas del país. Esa combinación de relieve abrupto y lluvias torrenciales hace que ríos como el Guadalete puedan subir de nivel en cuestión de horas, aumentando el riesgo de inundaciones locales.

Esta distribución irregular de las precipitaciones hace que, incluso en la misma región, existan diferencias importantes en cómo el agua se comporta sobre el suelo. Cuando las lluvias son muy concentradas, como suele ocurrir en otoño o tras una borrasca intensa, el suelo no tiene tiempo de absorber toda el agua, y es entonces cuando la escorrentía y las inundaciones aparecen con más facilidad. Por eso, entender cómo y dónde llueve es clave para anticipar riesgos y proteger tanto el terreno como a las personas.

Sin embargo, esto es muy difícil:

Entrar a predecir la cuantía de este este tipo de lluvias es casi imposible, ya que hablamos de sistemas no lineales, y por su naturaleza lo son. Empero, añadir los factores humanos antes aludidos genera problemas adicionales casi irresolubles a la hora de generar modelos matemáticos útiles.

Juan J. Ibáñez. Erosión de suelos en zonas áridas producidas por flash flood (inundaciones repentinas). Un universo invisible bajo nuestros pies (05/08/2024).

El riesgo de erosión e inundación desde la perspectiva del suelo

El suelo es un actor clave en esta historia. Su textura, es decir, la proporción de partículas gruesas (como la arena) a muy finas (como arcilla, invisible a simple vista), determina cuánta agua puede infiltrarse y a qué velocidad. Los suelos arenosos suelen ser muy porosos y el agua se infiltra con facilidad; los arcillosos, en cambio, son muy poco porosos, la retienen, favoreciendo la aparición de escorrentía superficial.


Persona caminando por aguas poco profundas hacia una pequeña isla de vegetación en un humedal, con cielo nublado y colinas arboladas al fondo.
Inundación. Vilma/Flickr.


Además, es necesario conocer la estructura del suelo. La estructura es la forma en que se agrupan las partículas y el tipo y tamaño de poros y grietas entre ellas. Un suelo bien estructurado, con agregados estables y porosos, permite que el agua se infiltre fácilmente. Un suelo compactado, en cambio, actúa casi como un muro.


Imagen horizontal de alta velocidad mostrando lluvia intensa sobre suelo desnudo, con impactos múltiples de gotas, erosión por salpicadura y formación de charcos.
Impacto de las gotas sobre la superficie del suelo durante una lluvia intensa.


Durante una lluvia suave, sobre un suelo estable, el agua de lluvia se infiltra lentamente a través de los poros. Mientras los poros no están saturados de agua, la infiltración continua. Pero cuando el suelo o los poros superficiales ya están saturados, el agua comienza a acumularse en superficie como escorrentía, desencadenando el riesgo de erosión. Más o menos así:


Diagrama en tres paneles que ilustra la formación de escorrentía durante una lluvia suave. El primer panel muestra gotas de lluvia cayendo sobre un suelo con poros visibles, acompañado del texto ‘El agua se infiltra a través de los poros de la superficie del suelo’. El segundo panel muestra los poros superficiales parcialmente llenos de agua y el texto ‘Los poros superficiales empiezan a saturarse. La velocidad de infiltración del agua disminuye’. El tercer panel muestra el suelo completamente saturado y agua acumulándose en la superficie, junto al texto ‘Superficie y suelo saturados. El agua ya no se infiltra y comienza a acumularse como escorrentía’.
Durante una lluvia suave, el agua pasa de infiltrarse en el suelo a generar escorrentía cuando los poros se saturan por completo.


Sin embargo, cuando las lluvias son irregulares e intensas y el suelo está seco, a esto se suma un fenómeno muy típico de los suelos mediterráneos: el sellado superficial. Cuando la lluvia golpea el suelo desnudo, rompe los agregados y libera las partículas que los forman. De entre estas, las partículas más finas pueden “saltar” a distancias relativamente grandes y acaban taponando los poros. En ciertos suelos y bajo lluvia intensa, puede formarse una capa casi impermeable en cuestión de minutos, que reduce drásticamente la infiltración y dispara la escorrentía y el riesgo de erosión. Con lluvias irregulares y cada vez más extremas por efecto del cambio climático, este sellado se convierte en un riesgo especialmente serio. El proceso es mucho más rápido y ocurre más o menos así:


Diagrama en tres paneles que muestra el proceso de sellado superficial del suelo durante una lluvia intensa. El primer panel, titulado ‘Agregados inestables’, representa gotas de lluvia impactando un suelo con agregados frágiles que comienzan a desintegrarse. El segundo panel, ‘Formación de sello superficial’, muestra partículas liberadas que se depositan y bloquean los poros del suelo, reduciendo la infiltración. El tercer panel, ‘Encharcamiento’, ilustra la acumulación de agua en la superficie debido a la falta de infiltración, generando una lámina de agua que puede evaporarse o escurrir.
Proceso de degradación del suelo en el que la desintegración de agregados y el bloqueo de poros durante lluvias intensas provocan la formación de un sello superficial y el posterior encharcamiento.


Incendios y erosión

Los incendios y megaincendios forestales, sufridos durante el pasado verano, dejan al suelo en una situación extremadamente vulnerable frente a la erosión. Cuando la vegetación desaparece, el terreno pierde su principal escudo protector: las hojas, las raíces y la materia orgánica que amortiguan el impacto de la lluvia y mantienen la estructura del suelo. Además, el calor intenso puede alterar la superficie del terreno, creando capas hidrofóbicas que repelen el agua y reducen drásticamente la infiltración.


Vista del paisaje arrasado por el megaincendio de Minas de Riotinto (Huelva, 2004), con colinas ennegrecidas y restos de vegetación calcinada.
Imagen del paisaje tras el incendio forestal de Minas de Riotinto en 2004, uno de los más catastróficos de la historia de España. Antonio Jordán/Imaggeo.


Así, cuando llegan las primeras lluvias tras un incendio -que en el clima mediterráneo hemos dicho que suelen ser intensas y concentradas- el agua no se infiltra, sino que corre rápidamente por la superficie, arrastrando cenizas, sedimentos y partículas finas. Este proceso acelera la formación de surcos y cárcavas, aumenta la escorrentía y multiplica el riesgo de inundaciones repentinas en zonas cercanas. En resumen, un incendio no solo destruye la vegetación, sino que deja el paisaje expuesto a una erosión mucho más agresiva y a un ciclo de degradación difícil de revertir sin una gestión cuidadosa.

Más sobre incendios forestales en G-Soil.

¿Qué efectos tiene la erosión en los suelos mediterráneos?

La erosión del suelo como consecuencia de precipitaciones intensas y concentradas tiene efectos directos y visibles. Cuando el agua corre con fuerza por la superficie, arrastra consigo las partículas más finas, la materia orgánica y los nutrientes. Lo que queda atrás es un suelo empobrecido, más compacto y menos fértil. La vegetación lo tiene más difícil para crecer, y sin vegetación, el suelo pierde aún más capacidad para retener agua en futuras lluvias.

El movimiento del agua en la superficie puede excavar surcos y cárcavas (cauces de entre 15 o 20 cm hasta varios metros de profundidad), modificando el relieve y creando canales por los que el agua de lluvia fluye cada vez más rápido. Esto aumenta tanto la erosión como el riesgo de inundaciones.


Fotografía de una ladera cubierta de hierba donde se observan varios surcos estrechos y alargados formados por la erosión hídrica. Los canales descienden por la pendiente dejando el suelo desnudo en su interior, mientras la vegetación permanece a los lados. Algunos arbustos y árboles dispersos completan el paisaje.
Regueros de erosión sobre la superficie de un suelo arcilloso en el Campo de Gibraltar (Cádiz). Antonio Jordán/Imaggeo.


En zonas agrícolas, la erosión del suelo se traduce en pérdida de cosechas y degradación de los campos; en zonas urbanas, puede provocar sedimentos que obstruyen drenajes y canales, aumentando los problemas de inundación. Bajo el clima mediterráneo, donde las lluvias son irregulares y a menudo muy intensas, estas consecuencias se intensifican, haciendo que la gestión del suelo y la protección frente a la erosión sean tareas críticas para mantener la sostenibilidad del territorio y la seguridad de las personas.

¿Qué medidas de prevención y control de la erosión podemos aplicar?

Reducir el riesgo de inundación y proteger el suelo pasa por cuidar su superficie y su estructura. Mantener una cubierta vegetal permanente y en equilibrio con el ecosistema es una de las mejores defensas: protege el suelo del impacto directo de la lluvia y ralentiza la escorrentía.

Las técnicas de laboreo mínimo o en franjas ayudan a conservar la estructura del suelo y a mantener poros abiertos por donde el agua pueda infiltrarse. Incorporar materia orgánica o aplicar prácticas de aireación mejora la porosidad y facilita la entrada del agua.

En laderas, los aterrazamientos, zanjas de infiltración o surcos bien orientados permiten frenar el agua, darle tiempo para infiltrarse y evitar que arrastre el suelo. Orientar los surcos perpendicularmente a la pendiente y usar cultivos de cobertura reduce la erosión y el transporte de sedimentos.


Carretera, de Eric Pérez (2008). Pintura en tonos sepia que muestra una carretera parcialmente inundada atravesando un paisaje desértico bajo un cielo dramático, con vehículos avanzando hacia una intensa abertura de luz entre las nubes.
Carretera (óleo sobre tela). Eric Pérez (2008).


Por último, mantener limpios los canales y drenajes asegura que el agua sobrante pueda evacuarse sin causar daños. Todas estas medidas, combinadas, aumentan la capacidad del suelo para retener agua, reducen el sellado superficial y disminuyen tanto la escorrentía como el riesgo de inundaciones.

Nada de esto nos coge por sorpresa. Hace cinco años, se publicaba lo siguiente en un medio de comunicación tan importante como El País, pero desde hace 20, 25, 30 años son cosas que ya sabemos y hemos mirado para otro lado:

Los efectos del cambio climático no se limitan a hacer más áridos los lugares secos o provocar más huracanes allí donde suelen producirse. El clima es un sistema complejo de interacciones en todo el planeta y la alteración de los patrones climáticos puede afectar a cualquier lugar. Lo alarmante ahora es la aceleración que parece experimentar este proceso. De lo ocurrido se desprende que hay que avanzar más rápido hacia la descarbonización total de la economía para reducir las emisiones de forma significativa y frenar así un proceso que va a más. Europa ha dado pasos muy importantes y significativos para cambiar el modelo basado en el uso intensivo de los combustibles fósiles, que está en el origen del problema. Pero no es suficiente. La descarbonización debe ser global. Mientras tanto, es preciso prepararse para los efectos inmediatos con planes de contingencia más exigentes, flexibles y ágiles, capaces de actuar con eficacia frente a manifestaciones más extremas de lo esperable. Las inundaciones de Alemania y Bélgica constituyen una alerta para todos.

Inundaciones en Europa: aviso para todos. El País (17/07/2021)



Resumen

  1. Las inundaciones aparecen cuando el agua supera la capacidad del suelo y de los cauces.
  2. Las lluvias intensas y concentradas son típicas del clima mediterráneo.
  3. El suelo puede infiltrar agua… hasta que se satura.
  4. La textura y la estructura del suelo condicionan la escorrentía.
  5. Los suelos arcillosos y compactados favorecen el encharcamiento.
  6. El sellado superficial puede formarse en minutos bajo lluvia intensa.
  7. La erosión arrastra suelo fértil, nutrientes y materia orgánica.
  8. Los incendios dejan el suelo especialmente vulnerable.
  9. La escorrentía rápida aumenta el riesgo de inundaciones repentinas.
  10. Cuidar el suelo es una forma eficaz de prevenir inundaciones.


Preguntas para pensar un poco

¿Por qué dos lugares cercanos pueden inundarse de forma muy distinta?

¿Qué ocurre en el suelo justo antes de que empiece la escorrentía?

¿Por qué un suelo arcilloso infiltra peor el agua?

¿Cómo se forma el sellado superficial en pocos minutos?

¿Qué papel juega la pendiente en la erosión?

¿Por qué las primeras lluvias tras un incendio son tan peligrosas?

¿Cómo influyen las prácticas agrícolas en el riesgo de inundación?

¿Puede un suelo bien gestionado reducir crecidas rápidas?

¿Qué relación hay entre erosión e inundaciones aguas abajo?

¿Cómo afectará el cambio climático a estos procesos?

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