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Mostrando las entradas etiquetadas como degradación del suelo

La importancia de los hierbajos y los jaramagos (2)

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La cubierta vegetal funciona como una auténtica piel protectora del suelo: reduce la erosión, regula la temperatura, conserva la humedad y favorece la vida edáfica. Sin embargo, no existe una solución universal, ya que una cubierta mal gestionada puede competir por el agua, favorecer determinadas plagas o dificultar el manejo del cultivo. El reto de la agricultura no es eliminar la vegetación, sino aprender cuándo mantenerla, cuándo segarla y cómo aprovechar sus beneficios sin comprometer la producción.

No me pises, que llevo raíces

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La compactación del suelo agrícola, causada por maquinaria pesada, reduce la porosidad, limita el crecimiento radicular y disminuye la productividad. Este problema afecta la infiltración de agua, la disponibilidad de nutrientes y la sostenibilidad del sistema agrícola. Existen soluciones como el tráfico controlado o las cubiertas vegetales. ◼  Paula Corrientes Ignacio de Loyola Grado en Ingeniería Agrícola de la Universidad de Sevilla La compactación de los suelos cultivados: problemas y posibles soluciones La intrincada arquitectura bajo las plantas Cuando pensamos en un paisaje, ya sea agrícola o natural, solemos imaginar un paisaje verde. Ese color es el color de las plantas , es la parte que vemos y es la que asociamos a la sensación de un paisaje vivo. Sin embargo, lo que realmente sostiene esa imagen no está a la vista: son las raíces y el suelo. Paisaje agrícola. Jack Sem/ Semtrio / Flickr . El suelo no es una masa inerte, sino una estructura viva formada por una red de p...

La importancia de los hierbajos y los jaramagos (1)

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La cubierta vegetal actúa como una “piel” que protege el suelo frente a la erosión, mejora la infiltración del agua y mantiene su fertilidad. Su ausencia desencadena procesos de degradación como escorrentía, pérdida de nutrientes y desertificación.

Producir… ¿a qué coste?

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La agricultura moderna ha aumentado la productividad, pero también ha intensificado problemas como la erosión del suelo, la contaminación por pesticidas y la sobreexplotación de acuíferos. Este texto analiza sus impactos en Andalucía y explora soluciones basadas en sostenibilidad.

Vivir con el agua a los pies

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La subida del nivel del mar debida al cambio climático ya está afectando a la vida cotidiana en muchas zonas costeras. Las inundaciones son cada vez más frecuentes, el patrimonio histórico se deteriora y algunos barrios empiezan a sufrir daños recurrentes. Al mismo tiempo, la sal invade suelos agrícolas y acuíferos, lo que reduce la productividad de los cultivos. La pesca y el turismo también se ven afectados por la degradación de estuarios, marismas y playas. En casos extremos, algunas comunidades pueden verse obligadas a desplazarse. Ejemplos como Yakarta (Indonesia), pero también otros más domésticos , muestran cómo la combinación de subida del mar y hundimiento del terreno puede generar crisis urbanas. Solo en España, las proyecciones indican que cientos de miles de personas podrían verse afectadas por inundaciones costeras a lo largo del siglo.

Cuando el mar gana terreno

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Las costas nunca han sido lugares completamente estables, pero en las últimas décadas la subida del nivel del mar está acelerando cambios que antes ocurrían lentamente. Playas que se estrechan, dunas erosionadas, humedales que pierden espacio para desplazarse hacia el interior y acuíferos que se salinizan forman parte de una cadena de transformaciones que afectan tanto a los ecosistemas como a las sociedades humanas. En regiones como Doñana, el Delta del Ebro o diversas zonas del litoral mediterráneo y atlántico, estas dinámicas ya son visibles. Comprender cómo interactúan procesos geomorfológicos, ecológicos e hidrológicos es esencial para entender por qué las costas son uno de los territorios más sensibles al cambio climático.

Agricultura, suelos y Agenda 2030

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La Agenda 2030 sitúa a la agricultura y a los suelos en el centro de la sostenibilidad, vinculando ODS como Hambre Cero, Producción Responsable, Acción Climática y Vida de Ecosistemas Terrestres. El sector agrario español enfrenta tensiones por burocracia, costes y competencia internacional, pero también encuentra oportunidades para reforzar la transición ecológica, proteger los suelos y garantizar una producción resiliente, justa y adaptada a cada territorio.

Suelo, clima y carbono

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El suelo, ese manto vivo que pisamos sin pensar, puede ser uno de nuestros mayores aliados frente al cambio climático. A través del secuestro de carbono, los suelos almacenan más carbono que la atmósfera y la vegetación juntas. Sin embargo, las prácticas agrícolas intensivas, la deforestación y la degradación los han convertido en emisores de CO₂. Recuperar su papel como sumideros de carbono implica apostar por una agricultura sostenible, el manejo de materia orgánica, el no laboreo, las cubiertas vegetales y el fortalecimiento de las comunidades microbianas del suelo. Cuidar el suelo es cuidar el clima, la alimentación y la vida.

Desertificación y seguridad alimentaria

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El calentamiento global acelera la aridificación y la desertificación de los suelos, especialmente en regiones vulnerables como el Mediterráneo y España. La combinación de altas temperaturas, sequías prolongadas, erosión hídrica y sobreexplotación agrícola reduce la fertilidad del suelo, amenaza la biodiversidad y compromete la seguridad alimentaria. La desertificación no es solo un fenómeno ambiental, sino un problema social y económico que incrementa la pobreza, los conflictos y la migración forzada. La gestión sostenible del suelo, la selección de cultivos adaptados y la reducción de emisiones son claves para frenar este proceso.

Fuego, suelo, química y física

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Los incendios provocan profundos cambios físicos, químicos y biológicos en el suelo, dependiendo de la intensidad, duración y humedad durante el evento. El fuego altera la estructura del suelo, destruye la materia orgánica, genera cenizas que modifican el pH y puede formar compuestos como el black carbon o sustancias hidrofóbicas. A nivel físico, degrada los agregados, disminuye la porosidad y crea capas impermeables. La pérdida de nutrientes, especialmente nitrógeno, y la modificación de la capacidad de intercambio catiónico afectan la fertilidad y dificultan la recuperación ecosistémica. Estos impactos son mayores cuanto más severo y recurrente es el incendio.

Cultivar sin destruir: agricultura regenerativa

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La agricultura regenerativa propone restaurar activamente la salud del suelo y los ecosistemas agrícolas mediante prácticas como la siembra directa, los cultivos de cobertura, la rotación de cultivos, la integración del ganado y el uso de abonos orgánicos. Esta estrategia mejora la fertilidad, promueve la biodiversidad y contribuye a mitigar el cambio climático mediante el secuestro de carbono. Su aplicación debe adaptarse a las condiciones locales, y su expansión requiere apoyo institucional, estandarización de metodologías y políticas públicas eficaces. La agricultura regenerativa emerge así como una herramienta clave para construir sistemas alimentarios resilientes y sostenibles.

Agricultura y cambio climático

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A lo largo de la historia hemos visto cómo el suelo degradado dificultó alimentar a poblaciones crecientes, como ocurrió en diversos momentos a lo largo de la historia. Hoy la agricultura enfrenta retos similares agravados por el cambio climático: el 80% de las tierras cultivas sufre erosión severa que reduce nutrientes, materia orgánica y capacidad de retención de agua, afectando los rendimientos. Las prácticas convencionales —laboreo intensivo, mecanización y ausencia de cobertura vegetal— aceleran la degradación, liberan CO₂, N₂O y CH₄ y transforman el suelo de sumidero a fuente de gases de efecto invernadero. Además, el cultivo continuo empobrece el carbono orgánico, tal como muestran comparativas entre bosques y suelos agrícolas en Andalucía y a nivel global. El reto es evidente: urgentemente se necesitan prácticas sostenibles o regenerativas que restauren la salud del suelo, mitiguen el cambio climático y garanticen la seguridad alimentaria, equilibrando producción y conservación...

Cómo las ciudades alteran el ciclo del agua

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El sellado del suelo urbano, causado por la impermeabilización con materiales como asfalto y hormigón, altera el ciclo hidrológico al reducir la infiltración de agua y aumentar la escorrentía. Esto provoca una menor recarga de acuíferos, mayor riesgo de inundaciones y contaminación de cuerpos de agua. Además, modifica el microclima urbano, favoreciendo el efecto isla de calor y afectando la biodiversidad. También tiene consecuencias socioeconómicas, como el aumento de riesgos para la población y un desarrollo urbano insostenible. Para mitigar estos impactos se han propuesto soluciones basadas en la naturaleza, planificación sostenible y educación ambiental.

Un aliado para la restauración de los suelos

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El suelo se encuentra cada vez más degradado debido a la actividad humana y el cambio climático, lo que afecta la biodiversidad y la productividad agrícola. Existen diversas técnicas de restauración, destacando el uso de costras biológicas, que ayudan a estabilizar el suelo, fijar carbono y nitrógeno, y retener humedad. Sin embargo, se requiere más investigación sobre su efectividad en condiciones naturales, especialmente en suelos áridos y semiáridos.

Costras biológicas: la vida que cubre el suelo

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Las costras biológicas del suelo son formaciones de organismos microscópicos y macroscópicos que incluyen bacterias, arqueas, líquenes, musgos y algas, que actúan en la superficie del suelo para mejorar su estabilidad y la biodiversidad. Estas comunidades contribuyen a procesos esenciales como la erosión del suelo, el ciclo del nitrógeno, la retención de agua y el crecimiento de vegetación. Su papel es más relevante en zonas áridas y semiáridas, donde cubren grandes áreas del suelo y favorecen la actividad biológica y la absorción de nutrientes.

Los comienzos de la ciencia del suelo en Mesopotamia

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El conocimiento del suelo y la agricultura fueron cruciales en civilizaciones antiguas como China, Egipto, Grecia y, especialmente, Mesopotamia. En la antigua Mesopotamia, la agricultura y el conocimiento del suelo fueron fundamentales para el desarrollo de las primeras civilizaciones urbanas. El uso del regadío y la rotación de cultivos permitió una producción agrícola eficiente, pero la salinización de los suelos y la deforestación contribuyeron a la caída de los imperios mesopotámicos. La evolución de estas sociedades estuvo marcada por innovaciones técnicas, pero también por los desafíos ambientales y conflictos políticos que determinaron su destino.

El uso del suelo y la caída de las civilizaciones (4)

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 Los mayas, los indios anasazi y el Mago de Oz Decadencia precolombina y el fin de los mayas La  civilización Maya , una de las culturas precolombinas más sofisticadas de Mesoamérica, floreció en las regiones que hoy comprenden México, Guatemala, Belice, Honduras y El Salvador. Su historia abarca desde hace cuatro milenios hasta pocos años después del descubrimiento de América por  Cristóbal Colón  (a raíz de lo cual, españoles primero y europeos detrás, bendijimos a los entonces ignorantes y salvajes pueblos americanos con nuestra lengua, nuestra religión, nuestras enfermedades, nuestro esclavismo, y nuestras dictaduras; pero nos trajimos el oro, la plata, las  patatas , los  tomates , la  sífilis  y al  Chavo del Ocho ). Con el oro, al menos, nos convertimos en  los yuppies del siglo XV  y con los tomates nos inventamos la  dieta mediterránea . 

El uso del suelo y la caída de las civilizaciones (3)

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A lo largo de esta serie (" El uso del suelo y la caída de las civilizaciones ")  hemos hablado sobre el uso del suelo como un recurso supuestamente "inagotable" a lo largo de la historia y de cómo su mal uso causa hambre, migraciones y conflictos. Hoy vamos a ver algunos ejemplos de cómo el mal uso del suelo y los recursos naturales ha sido capaz de borrar culturas e imperios en épocas en que no disponíamos del conocimiento actual.

El uso del suelo y la caída de las civilizaciones (2)

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En la primera parte de este texto   traté de explicar cómo, a lo largo de la historia, los humanos han utilizado el suelo como un recurso "inagotable". Traté de explicar que el suelo es esencial para la supervivencia humana, proporcionando alimentos, fibra, materiales y servicios ecosistémicos. ¿Pero hasta dónde podemos aprovecharnos del suelo?

El suelo y la plasticosfera

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El accidente ocurrido en diciembre de 2023 en las costas de Galicia y Asturias, que involucró la pérdida de un contenedor lleno de pélets de plástico, es solo uno de los muchos incidentes anuales que contribuyen a la creciente contaminación por microplásticos. Aunque los plásticos son versátiles y útiles en la vida diaria, su reciclaje es limitado, y su degradación genera micro y nanoplásticos que terminan en el medio ambiente, afectando la salud humana y los ecosistemas. En particular, los suelos agrícolas están altamente contaminados con microplásticos, superando incluso la contaminación marina. Esta contaminación, proveniente tanto de fuentes intencionadas como no intencionadas, impacta negativamente en la estructura del suelo, la biota edáfica y la salud humana. Aunque existen métodos para eliminar los microplásticos, el reto radica en buscar soluciones sostenibles y alternativas biodegradables al plástico.