La importancia de los hierbajos y los jaramagos (1)
La cubierta vegetal actúa como una “piel” que protege el suelo frente a la erosión, mejora la infiltración del agua y mantiene su fertilidad. Su ausencia desencadena procesos de degradación como escorrentía, pérdida de nutrientes y desertificación.
◼ Mario León Narváez
◼ Joaquín Lobato Álvarez
◼ Jesús Sánchez Morales
Grado en Ingeniería Agrícola de la Universidad de Sevilla
La piel que protege la tierra: cómo la cubierta vegetal detiene la erosión antes de que empiece
A menudo se piensa que un campo de cultivo “bien cuidado” es aquel en el que vemos plantas o árboles alineados sobre un suelo limpio, marrón y sin nada más. Pero esa imagen, tan ordenada a simple vista, se parece más a una herida abierta que a un suelo sano. En la naturaleza, la tierra casi nunca está desnuda. Podemos imaginar el suelo como la piel del planeta: cuando la dejamos expuesta, se irrita, se agrieta y pierde su capacidad de proteger lo que hay debajo.
¿Qué ocurre entonces cuando eliminamos esa “piel” protectora?
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| Gracias a una subvención del Fondo de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género para las Mujeres, se ha ayudado a mujeres rurales a formar varias cooperativas y se les ha enseñado a plantar un árbol rico en vitaminas llamado moringa, así como a limpiar, secar y vender sus hojas. Utilizada como medicina o suplemento alimenticio en sociedades de todo el mundo, la moringa también favorece la biodiversidad y previene la erosión del suelo. UN Women/Flickr. |
¿Qué es la cubierta vegetal?
La llamada cubierta vegetal -es decir, las plantas o restos de vegetación que crecen entre los cultivos- no es un descuido, sino una estrategia clave de manejo sostenible. Funciona como una manta térmica viva: regula la temperatura, amortigua impactos y mantiene la actividad biológica bajo la superficie.
Podemos imaginarla como una manta térmica: regula, amortigua y mantiene la vida que late bajo la superficie.
¿Por qué algo tan simple puede tener efectos tan profundos en el suelo?
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| Melocotoneros en flor alineados en hileras regulares se elevan sobre un suelo cubierto de vegetación. Joan Grífols/Flickr. |
¿Qué hace la cubierta vegetal?
Esta cubierta actúa como un auténtico escudo natural. Reduce el impacto de la lluvia, limita la erosión y mejora la infiltración del agua, funcionando como una esponja. Además, alimenta a los microorganismos, esenciales para la fertilidad.
En otras palabras: transforma cada gota de lluvia en un recurso útil en lugar de una amenaza.
Pero... ¿qué pasa cuando este escudo desaparece?
Los cultivos de cobertura, como su nombre indica, son básicamente plantas que se siembran o se dejan crecer espontáneamente de manera que cubran el suelo de una parcela.
La implantación de una cubierta vegetal se realiza por diferentes motivos, principalmente para mejorar la salud del suelo y aumentar la productividad del cultivo primario al que apoyan. Sin embargo, a diferencia de éste, normalmente no se comercializan como productos agrarios para consumo humano.
Todo lo que necesitas saber sobre las cubiertas vegetales. Biotecarios (consultado el 12/04/2026).
Cuando el suelo se queda “desnudo”: el inicio de un problema silencioso
En la mayoría de los sistemas agrícolas actuales, la cubierta vegetal -natural o sembrada- suele ignorarse o eliminarse por completo. A corto plazo puede parecer una práctica cómoda, el suelo parece limpio y manejable. Pero con el tiempo desencadena una cadena de procesos que degradan el suelo y obligan a invertir grandes recursos para recuperarlo.
Es como una mala compra en la que lo barato acaba saliendo caro, y lo que hoy parece ordenado y limpio, mañana se convierte en un problema profundo.
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| Hileras de melocotoneros en plena floración se alinean sobre un suelo desnudo y seco, creando un corredor rosado que resalta la geometría del cultivo bajo el cielo claro de primavera. Joan Grífols/Flickr. |
Lo más llamativo es que muchos de estos problemas son evitables. Pero la erosión no es un destino inevitable: es una consecuencia directa de nuestras decisiones.
¿Qué ocurre realmente cuando dejamos el suelo sin protección?
La erosión del suelo
El impacto invisible de la lluvia
Una lluvia suave puede parecer inofensiva. Pero si observamos el suelo de cerca, cada gota actúa como un pequeño proyectil. Es el equivalente natural a golpear una pared de arena con miles de canicas diminutas.
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| Lluvia impactando sobre un suelo oscuro y desnudo, formando pequeñas coronas y ondulaciones que muestran la energía cinética de las gotas. Brazil Topno/Pexels. |
Uno de los efectos más inmediatos es el aumento de la erosión. Sin una cubierta que amortigüe el impacto, el suelo queda expuesto directamente al viento y a la lluvia.
Una gota de lluvia puede alcanzar velocidades cercanas a 30 km/h antes de impactar. Al golpear un suelo desnudo, rompe los agregados y desprende partículas finas. Este proceso, conocido como erosión por salpicadura, es el primer paso hacia problemas mayores. Lo que empieza como un pequeño “salto” de partículas termina convirtiéndose en un desplazamiento masivo de suelo fértil.
Es un proceso microscópico… pero con consecuencias a gran escala. ¿Qué ocurre después de que esas partículas se desprendan? Básicamente, el suelo pierde cohesión y empieza a comportarse como polvo suelto.
Además, tras una lluvia puede formarse el llamado sellado superficial del suelo: una capa compactada que obstruye los poros. Esto reduce la infiltración del agua y dificulta la germinación de las semillas. El suelo, literalmente, deja de “respirar”. Es como si el suelo desarrollara una costra que impide que el agua entre y que la vida salga:
Los efectos se acentúan cuando la estructura de los agregados del suelo es deficiente, por la ausencia de materia orgánica y/o por padecer de una textura descompensada (suelos muy arcillosos, pero especialmente en los que poseen sobreabundancia de limos. La estabilidad de los agregados y su resiliencia frente al impacto de las gotas de lluvia, resulta ser pues una propiedad de suma importancia.
La destrucción de los agregados, dispersa las partículas del suelo que los constituían. Las fracciones más finas taponan los poros, induciendo una disminución de porosidad, por lo que, como ya hemos mentado, se dificulta la penetración del líquido elemento y se promueve que el agua se pierda fluyendo rápidamente por su superficie hacia las redes de drenaje, o encharcándose cuando el terreno se encuentra nivelado. La microtopografía superficial supone que el agua fluya naturalmente por gravedad hacia las micro-hondonadas, comenzando a crearse surcos que, con el transcurso del tiempo se convierten en cárcavas.
Juan J. Ibáñez. Costras y sellados del suelo: la degradación física de la superficie del suelo. Un universo invisible bajo nuestros pies (27/12/2006).
Cuando el agua ya no puede entrar, solo queda una opción: formar charcos. Y si el suelo está inclinado, empezar a moverse pendiente abajo. Y ahí comienza el siguiente problema.
La escorrentía: cuando el agua se lleva el suelo
Imagina ver cómo una fina película de agua baja por una pendiente. Parece algo insignificante… hasta que entiendes las consecuencias. ¿Cómo empieza todo?
Ese hilo de agua es el primer borrador de un río que aún no existe.
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| El agua de escorrentía se mueve ladera abajo formando pequeños canales que arrancan partículas de suelo, transportándolas sobre la superficie. Pedro Ramírez Jr./U.S. Fish and Wildlife Service. |
Los agentes de transporte comprenden aquellos que actúan de manera superficial y contribuyen a la eliminación de un espesor relativamente uniforme de suelo, y aquellos que concentran su acción en canales. El primer grupo incluye el impacto de las gotas de lluvia, la escorrentía superficial en forma de flujos poco profundos de anchura infinita -a veces denominada flujo laminar, pero más correctamente llamada escorrentía superficial- y el viento. El segundo grupo abarca el agua en pequeños canales, llamados regueros, que pueden ser eliminados por la meteorización y el laboreo, o en formas mayores y más permanentes como cárcavas y ríos. En la erosión hídrica se suele distinguir entre la erosión en regueros y la erosión superficial entre regueros, causada por la acción combinada del impacto de las gotas de lluvia y la escorrentía superficial.
R. P. C. Morgan (2005). Soil Erosion & Conservation. Blackwell Publishing. Malden, MA (EEUU).
Es el momento en que el agua deja de ser aliada y empieza a comportarse como un enemigo.
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| Efecto de la erosión sobre la superficie de un campo cultivado, donde la escorrentía concentrada ha excavado un canal que interrumpe la continuidad del cultivo y evidencia la pérdida de suelo fértil. Antonio Jordán/Imaggeo. |
Imagina cómo las gotas de lluvia van humedeciendo el suelo poco a poco. Llega un momento en que los poros de la superficie ya están llenos de agua y no "cabe" más. En ese momento, comienzan a formarse charcos. Si el suelo tiene cierta pendiente, el agua comienza a fluir hacia abajo como una sábana que se desplaza sobre el suelo (en inglés, se llama así, de hecho: sheet flow). Eso es lo que llamamos escorrentía superficial. En suelos con cierta pendiente, el agua fluye y puede terminar formando pequeños cauces que arrastran las partículas más finas y ricas en nutrientes. Esos cauces efímeros se llaman "regueros", y constituyen un proceso ya avanzado de erosión por agua.
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| Regueros formados por la escorrentía sobre laderas arcillosas cerca de Tarifa, donde el agua concentra su flujo y excava canales que aceleran la pérdida de suelo. Antonio Jordán/Imaggeo. |
¿Cuánto suelo podemos perder en una sola tormenta? La respuesta suele ser mucho mayor de lo que podemos pensar en un primer momento. Una tormenta puede borrar en minutos lo que tardó siglos en formarse.
Lo más preocupante es la velocidad del proceso: una sola lluvia intensa puede eliminar una cantidad de suelo que ha tardado entre siglos en formarse. Es como si el tiempo se invirtiera: lo que la naturaleza construye lentamente, la erosión lo destruye sin contemplaciones.
De pequeños surcos a grandes heridas: la formación de cárcavas
Observa la siguiente fotografía. El paisaje original está completamente destruido por la erosión. Lo que empieza como una pequeña herida superficial puede convertirse en una cicatriz permanente en el paisaje. Una cárcava es la firma visible de un proceso que ya no se puede ignorar.
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| Cárcavas desarrolladas en un paisaje árido, donde la erosión hídrica ha excavado una red de canales profundos que modelan las laderas y exponen los estratos del terreno. Ralph Earlandson/Flickr. |
Si la escorrentía es intensa y se forman regueros, esos cauces poco profundos pueden evolucionar y formar cárcavas. A diferencia de los regueros, las cárcavas son muy profundas e imposibles de restaurar. De esa forma, lo que comienza como un surco superficial poco apreciable puede convertirse en una grieta profunda, permanente e inestable.
Estas formaciones no solo imposibilitan el cultivo, sino que en muchos casos resultan prácticamente irreversibles. El agricultor pierde irreversiblemente la tierra que cultiva y el paisaje queda fragmentado. Es una pérdida doble: ecológica y económica.
Cuando el problema ya es visible, la recuperación resulta extremadamente difícil.
¿Qué impacto tiene esto en la fertilidad del suelo?
Y luego, ¿qué? ¿Buscar un lugar que okupar y en el que asentarnos? ¿Actuar como una especie de pandilla? No. No es una pandilla. No somos pandilleros. No quiero pandilleros, con su necesidad de dominar, robar y aterrorizar. Y, aun así, puede que tengamos que dominar. Puede que tengamos que robar para sobrevivir, e incluso aterrorizar para ahuyentar o matar a nuestros enemigos. Tendremos que ser muy cuidadosos con cómo dejamos que nuestras necesidades nos moldeen. Pero debemos tener tierra cultivable, una fuente estable de agua y suficiente protección ante posibles ataques para poder establecernos y crecer.
La parábola del sembrador. Octavia E. Butler (1993).
Pérdida de fertilidad: la erosión empobrece el suelo
Perder suelo no es solo perder tierra: es perder fertilidad acumulada durante siglos. El sistema se vuelve menos productivo, más dependiente de insumos externos y más vulnerable a nuevas degradaciones.
A la erosión física se suma un problema menos visible pero igual de grave: la pérdida de nutrientes. El suelo se vuelve más pobre, más frágil y más dependiente de insumos externos (como la fertilización, en el caso de suelos agrícolas).
Al desaparecer la materia orgánica superficial, el suelo pierde su capacidad de retener agua y nutrientes. Sin este componente esencial, el suelo se vuelve menos productivo, más dependiente de insumos externos y más vulnerable a nuevas degradaciones. Es un círculo vicioso: menos vida genera menos vida.
Así se inicia un ciclo de degradación que se retroalimenta. ¿Cuál es el punto final de este proceso?
El final del proceso: la desertificación
Cuando la degradación continúa, el suelo pierde su estructura, su biodiversidad y su funcionalidad.
Un suelo desertificado no solo pierde productividad: pierde su “memoria biológica”. ¿Cómo vivir donde no hay nada?
El enorme río se había convertido en poco más que una cicatriz polvorienta en la tierra. El lecho vacío se extendía a lo largo y ancho en todas direcciones, con sus curvas serpenteantes señalando el lugar por donde antes había fluido el agua. La grieta que los siglos habían cavado era ahora un batiburrillo de rocas y matojos. En la orilla, las raíces grises y nudosas de los árboles habían quedado expuestas como telarañas.
Era espantoso.
Incapaz de aceptar lo que veían sus ojos, Falk bajó al fondo aferrándose a la pendiente de tierra cocida con pies y manos. Se detuvo en el centro del lecho, en el vacío donde la caudalosa cinta de agua había tenido antaño la profundidad suficiente para cubrirle la cabeza.
Años de sequía. Jane Harper (2017).
El colapso del sistema
Si estos procesos se mantienen en el tiempo, el sistema puede sufrir cambios irreversibles. La combinación de erosión, pérdida de materia orgánica y degradación estructural puede conducir a la desertificación.
En este punto, la recuperación del suelo es extremadamente difícil y, en muchos casos, inviable desde el punto de vista económico. El suelo deja de cumplir su función como soporte de vida y producción.
En ese punto, recuperar el sistema ya no depende solo de la técnica, sino también de los costes y del tiempo disponible.
La restauración deja de ser una cuestión técnica y pasa a ser una cuestión de recursos, tiempo y voluntad.
¿Podemos evitar llegar a este escenario?
Un pequeño experimento para verlo más claro
A veces, entender un proceso complejo solo requiere una escena cotidiana. Para visualizarlo, pensemos en algo sencillo. ¡La ciencia del suelo se vuelve evidente cuando la llevamos a la cocina! 😅
Si derramamos un vaso de agua sobre una superficie lisa, como una encimera, una mesa o el suelo, el agua salpica y se esparce rápidamente, arrastrando todo lo que encuentra a su paso. Esto es lo que ocurre en un suelo desnudo: el agua no encuentra resistencia, así que se lleva todo lo que puede.
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| Un vaso de cristal volcado sobre una mesa de madera deja un charco de agua y migas dispersas. Imagen creada con IA. |
¿Qué cambia si añadimos una “capa protectora”?
Ahora imaginemos que colocamos una bayeta o una alfombra sobre esa superficie. Al verter el agua, el impacto se suaviza, no salpica y, además, la bayeta la absorbe y la libera poco a poco. La cubierta vegetal hace exactamente eso: convierte la violencia del agua en un proceso suave y útil.
Eso es exactamente lo que hace la cubierta vegetal: protege, retiene el agua y permite que el suelo la aproveche mejor. Es la diferencia entre perder agua y aprovecharla.
Resumen
- La cubierta vegetal protege el suelo frente a la erosión y mejora su funcionamiento.
- Sin esta protección, la lluvia desestructura el suelo y reduce su capacidad de infiltración.
- La escorrentía transporta partículas y nutrientes, acelerando la degradación.
- Con el tiempo, pueden formarse cárcavas y perderse la fertilidad.
- Si el proceso continúa, el sistema puede evolucionar hacia la desertificación.
Preguntas para pensar un poco
¿Por qué seguimos asociando un suelo desnudo con un manejo agrícola “correcto”?
¿Qué costes ocultos tiene eliminar la cubierta vegetal a largo plazo?
¿Podría la cubierta vegetal ser una herramienta clave frente al cambio climático?
¿Qué papel juega la materia orgánica en la resiliencia del suelo?
¿Estamos valorando el suelo como un recurso renovable… o como uno finito?









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