Costas en cambio

Adaptación y mitigación frente a la subida del nivel del mar: estrategias clave, desde la retirada controlada hasta soluciones basadas en la naturaleza, para reducir riesgos y anticipar impactos costeros.


 Antonio Jordán López

Subida del nivel del mar: estrategias para actuar a tiempo

Casi todos recordamos un verano en la playa: sol, toallas, bocadillos, mar y arena:

El resto de las vacaciones, en cambio, fueron desiguales. Llovió mucho, a Archie le dolía la pierna más de lo normal y la caravana no era el mejor sitio para pasar horas y horas. Cuando salía el sol, a los niños les encantaba estar en la playa, en las pozas de las rocas y en la arena: cada uno se apropiaba de una poza y se pasaban las horas tan felices cogiendo camarones.

Clary y él se turnaban para ir a la playa, mientras el otro limpiaba la caravana, intentaba que hubiera toallas secas para los niños, compraba comida y preparaba el almuerzo. Un día que Bertie se quejó de que su sándwich rechinaba, Harriet se volvió hacia él.

-Pues claro. ¿Por qué crees que se llama sand-wich?

-En Inglaterra no tienen arena. Parecía a punto de echarse a llorar.

Clary le cogió la manaza rebozada de tierra y se la limpió, y luego sacudió la baguette arenosa.

Elizabeth Jane Howard. Todo cambia. Crónicas de los Cazalet (2013).

Y en nuestra memoria parece que eso no iba a cambiar nunca. ¿O sí? 

Anticiparse al aumento del nivel del mar: por qué actuar antes marca la diferencia

Cuando el nivel del mar sube, no basta con reaccionar: hay que anticiparse. La ciencia lo tiene claro. No existe una única solución, sino una estrategia combinada que integra adaptación y mitigación del cambio climático. No es una elección entre resistir o reducir daños. Es ambas cosas a la vez, y cuanto antes.



Adaptarse a un mundo cambiante

Adaptarse significa asumir que el cambio ya está en marcha.

El Mediterráneo occidental, y dentro del éste las islas Baleares, se considera uno de los territorios más vulnerables. «Playas planas y menos protegidas», apunta el geólogo del CSIC Jorge Guillen. Su población se concentra en la costa. Infraestructuras y edificaciones costeras tendrán una mayor exposición a fenómenos extremos e inundaciones. El turismo de sol y playa se verá gravemente amenazado.

Las proyecciones para dos escenarios de emisiones de CO2 muestran que el nivel del mar en Baleares aumentará entre 57 y 75 centímetros a finales de siglo, lo que supone en el mejor de los casos un retroceso de siete metros en las playas, y de 50 metros en el peor.

Ricardo F. Colmenero. La subida del nivel del mar hará retroceder 50 metros las playas de Baleares. El Mundo (22/04/2021).


Vista aérea de la playa de Vera (Almería) y el entorno urbano, anegados por el mar en enero de 2025.
Playa de Vera (Almería), anegada por el mar en enero de 2025. El Mundo.


Mitigar implica frenar ese cambio desde su origen, reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero. Son dos caminos distintos, pero inseparables si se quiere limitar el impacto real en las zonas costeras.



Pero si esto está tan claro, ¿por qué seguimos llegando tarde en muchos territorios?

Retirada controlada: cuando quedarse deja de ser una opción

Hay decisiones difíciles que ya no admiten más retrasos. En algunas regiones costeras, la retirada controlada -reubicar viviendas, infraestructuras y comunidades- ha pasado de ser una idea teórica a una necesidad urgente.

No es solo una cuestión técnica: implica dimensiones sociales, culturales y emocionales profundas. Supone abandonar hogares y formas de vida. Sin embargo, en territorios altamente vulnerables, quedarse puede resultar aún más costoso a medio plazo.

La borrasca Gloria (en enero de 2020) arrancó muros, rompió paseos y metió el Mediterráneo varios metros dentro de las urbanizaciones de Les Deveses en Denia (Alicante). La Ley de Costas establece que, si las olas alcanzan una vivienda cinco veces en cinco años, el terreno puede ser expropiado por seguridad pública. El Ayuntamiento negocia ahora con Costas para permitir que las 8.000 casas afectadas sigan en pie a cambio de prohibir nuevos apartamentos en las parcelas más comprometidas. Mientras tanto, los vecinos piden que se devuelva arena a las playas y se construyan arrecifes artificiales antes de hablar de derribos.

Pero sin duda el símbolo principal es El Algarrobico: un hotel de 411 habitaciones, a 14 metros del mar y dentro de un parque natural. Veinte años de pleitos han confirmado su ilegalidad y el Gobierno ha iniciado la expropiación para demoler la parte que depende del Estado.

El conflicto legal que rodea a estas propiedades es tan complejo como doloroso para quienes las habitan. Cuando una construcción se asienta sobre dominio público marítimo, la ley es clara: cualquier daño causado por el mar o los temporales no puede ser reparado. La Asociación de Afectados por la Ley de Costas denuncia que el Estado está llevando a cabo una «expropiación encubierta» al negar cualquier tipo de indemnización a los propietarios. Desde el Gobierno, sin embargo, argumentan que aplicando la Ley solo actúan cuando hay un riesgo inminente para la seguridad de las personas.

Arantza García. Vecinos en la costa. Ethic (12/06/2025).

Países como Maldivas o Tuvalu ya exploran migraciones internacionales como estrategia de supervivencia. Otros, como Fiyi, intentan ganar tiempo reforzando sus costas mediante la restauración de manglares y arrecifes de coral.


Vista panorámica de Cullera (Valencia) con numerosos edificios altos situados muy cerca de la línea de costa, mostrando una urbanización densa junto a la playa que evidencia el riesgo de erosión, inundaciones y vulnerabilidad ante temporales debido al escaso espacio entre las construcciones y el mar.
Vista de Cullera (Valencia). Antonio Jordán/Imaggeo.


La cuestión ya no es si habrá desplazamientos, sino cómo gestionarlos sin aumentar la vulnerabilidad social. ¿Estamos preparados para ese escenario?

Adaptarse sin marcharse: transformar cómo construimos y cultivamos

No todas las soluciones pasan por irse. En muchas zonas costeras, el objetivo es seguir habitando el territorio, pero de otra manera.

Aquí entran en juego las llamadas estrategias de acomodación: elevar edificios, rediseñar ciudades para tolerar inundaciones o apostar por cultivos resistentes a la salinidad. Son cambios menos visibles, pero profundamente transformadores.

Este enfoque obliga a replantear normativas urbanísticas, prácticas agrícolas y modelos de desarrollo. No se trata solo de resistir el agua, sino de integrarla en el sistema sin colapsarlo.

No obstante, un nuevo informe de la Comisión del Delta encargado por el Gobierno neerlandés en 2008 actualizó la hoja de ruta para el siglo actual: las defensas deberán adaptarse progresivamente a las consecuencias del cambio climático y a los nuevos estándares medioambientales. Así, la revisión del plan puso sobre la mesa la necesidad de fomentar el equilibrio medioambiental tanto en los refuerzos previstos de los diques como las construcciones existentes. Como parte de esa revisión, el proyecto Espacio para el río, activo hasta 2015, pretendía aumentar la profundidad o la anchura de los ríos para reducir el riesgo de inundaciones mientras se convertían parcelas agrarias en parques naturales o se reservaban lagos y otros hábitats para peces y aves.

Luis Vellón. La lucha de Países Bajos contra la subida del nivel del mar. El Orden Mundial (27/06/2020).

Y si el reto es técnico, la pregunta es política: ¿podemos planificar a largo plazo en sistemas que piensan a corto plazo?

Proteger la costa: infraestructuras duras vs. soluciones basadas en la naturaleza

Otra línea de defensa es proteger directamente el litoral. Aquí aparecen dos grandes enfoques que, más que competir, se complementan.

Las soluciones “duras” -como diques, muros de contención o barreras- ofrecen protección inmediata y visible. Países Bajos es un ejemplo clásico: su sistema de ingeniería costera ya contempla escenarios extremos de subida del mar y combina tecnología avanzada con planificación a siglos vista.

En Países Bajos existen obras de ingeniería gigantescas, como la Barrera de Maeslant (Maeslantkering), con sus compuertas de cientos de metros o la Barrera del Escalda Oriental (Oosterscheldekering), de casi 10 km de larga. Yo, personalmente, pienso que todo eso está muy bien y tiene su mérito y tal y cual. ¿Pero puede de verdad la ingeniería luchar contra un cambio global? ¿Es sostenible?


Vista del Oosterscheldekering, el extenso dique de 8 km que conecta Schouwen-Duiveland y Noord-Beveland en los Países Bajos, mostrando sus pilares y compuertas diseñados para proteger la provincia de Zelanda del mar como parte del Plan Delta tras la inundación de 1953.
Vista parcial del Oosterscheldekering (Países Bajos). Vladimír Šiman/Wikimedia Commons.
 

La ocupación del litoral, desde luego, plantea problemas. Cuando las reservas naturales de sedimentos se sellan o se fijan mediante edificaciones, paseos o muros, el sistema pierde su capacidad de reajuste natural. Entonces, el mar utiliza su única reserva disponible: la propia playa. Y aquí es donde comienzan los problemas: pérdida (progresiva o súbita) de arena, con la consecuente exposición directa al oleaje de infraestructuras, como los paseos marítimos y edificaciones.

La ocupación del frente costero ha crecido desde mediados del siglo XX. En Andalucía, la longitud de playas afectadas por construcciones pasó de 40 km a 240 km entre 1956 y la actualidad. El dato es contundente: más de un tercio de las playas andaluzas (37,5 %) se encuentra bajo la influencia directa del hormigón, de las cuales más del 80 % se encuentra en la fachada mediterránea.

Antonio Prieto y Pablo Fraile. El hormigón y el cambio climático estrangulan las playas de Andalucía, pero la solución no son más espigones. The Conversation (16/03/2026).

Pero hay otra vía, menos espectacular y cada vez más relevante: las soluciones basadas en la naturaleza . Restaurar dunas, regenerar playas o conservar humedales no solo protege frente a tormentas e inundaciones, sino que además mejora la biodiversidad y la resiliencia ecológica del sistema.

Las playas son un sistema altamente dinámico: buscan continuamente un equilibrio constante entre su morfología, los materiales que las forman y las condiciones impuestas por los agentes externos. Se mantienen gracias al intercambio de arena entre playa y duna y al transporte a lo largo de la costa (la llamada “deriva litoral”).

Así, las dunas cumplen un papel clave como reserva sedimentaria y como amortiguador: durante temporales ceden arena a la playa y disipan parte de la energía del oleaje.

Antonio Prieto y Pablo Fraile. El hormigón y el cambio climático estrangulan las playas de Andalucía, pero la solución no son más espigones. The Conversation (16/03/2026).

La evidencia científica es clara: cuando se diseñan bien, estas soluciones pueden ser tan eficaces como las infraestructuras tradicionales, con menos costes a largo plazo y más beneficios colaterales.

Entonces, ¿por qué siguen infrautilizándose en muchas políticas públicas?

Mitigación: atacar la raíz del problema

Ninguna estrategia de adaptación será suficiente si no se reduce la velocidad del cambio. Aquí entra la mitigación, el pilar que determina cuánto subirá realmente el nivel del mar en las próximas décadas.

Reducir emisiones, acelerar la transición hacia energías renovables, gestionar de forma sostenible los bosques y los suelos agrícolas, o incorporar el coste real del carbono en las políticas públicas no son medidas opcionales. Son condiciones necesarias.

Sin embargo, hay un matiz clave: incluso si hoy se detuvieran las emisiones, la subida del nivel del mar continuaría durante siglos. El sistema climático tiene inercia.

Nuestro barco estaba anclado frente a una costa rocosa en lo que solía ser la Columbia Británica, justo ante una pequeña ensenada, en el lugar donde el agua había rellenado una pequeña cuenca entre dos montañas. Todavía nos referíamos a los océanos por su antiguo nombre, pero lo cierto es que ahora todo era un único océano gigantesco, salpicado de fragmentos de tierra, como migajas caídas del cielo.

Kassandra Montag. Después del diluvio (2019).

Mitigar no elimina el problema, pero sí evita que se vuelva incontrolable. ¿Estamos actuando con la rapidez que exige esa inercia?

Dos estrategias, un mismo objetivo

Adaptación y mitigación no son caminos paralelos, sino piezas de un mismo sistema de respuesta.

La adaptación responde a lo inevitable. La mitigación define cuánto de ese “inevitable” estamos dispuestos a aceptar.

Entre ambas se juega algo más que la estabilidad de las costas: la capacidad de las sociedades para anticiparse, reorganizarse y seguir funcionando en un mundo cambiante.

Y en ese equilibrio, la pregunta final es inevitable: ¿cuánto tiempo estamos dispuestos a perder antes de actuar de verdad?


Resumen

  1. La subida del nivel del mar exige combinar adaptación y mitigación.
  2. La retirada controlada ya es necesaria en zonas vulnerables.
  3. Existen alternativas para convivir con el agua sin abandonar el territorio.
  4. Las soluciones naturales complementan a las infraestructuras tradicionales.
  5. Reducir emisiones es clave para limitar el problema a largo plazo.


Preguntas para pensar un poco

¿Qué pesa más en la toma de decisiones costeras: la evidencia científica o el coste político?

¿Es viable planificar a décadas vista en contextos de decisiones a corto plazo?

¿Qué estrategias son más justas socialmente: resistir, adaptarse o retirarse?

¿Estamos infrautilizando las soluciones basadas en la naturaleza?

¿Cuánto margen real queda para evitar escenarios irreversibles?

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