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Lo que comemos y lo que creemos

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Los hábitos alimentarios no son arbitrarios; a menudo tienen fundamentos prácticos y culturales. La conservación de alimentos, como el chucrut, está vinculada a necesidades de supervivencia en diferentes contextos históricos. Además, los alimentos pueden tener significados simbólicos, como el chocolate en el amor o el arroz en la pureza dentro de la cultura japonesa. Sin embargo, estos mensajes simbólicos están siempre anclados en el valor nutricional y la disponibilidad del alimento. La cultura y las creencias influyen en lo que se considera aceptable o prohibido en la alimentación.

Vivir con el agua a los pies

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La subida del nivel del mar debida al cambio climático ya está afectando a la vida cotidiana en muchas zonas costeras. Las inundaciones son cada vez más frecuentes, el patrimonio histórico se deteriora y algunos barrios empiezan a sufrir daños recurrentes. Al mismo tiempo, la sal invade suelos agrícolas y acuíferos, lo que reduce la productividad de los cultivos. La pesca y el turismo también se ven afectados por la degradación de estuarios, marismas y playas. En casos extremos, algunas comunidades pueden verse obligadas a desplazarse. Ejemplos como Yakarta (Indonesia), pero también otros más domésticos , muestran cómo la combinación de subida del mar y hundimiento del terreno puede generar crisis urbanas. Solo en España, las proyecciones indican que cientos de miles de personas podrían verse afectadas por inundaciones costeras a lo largo del siglo.

Alimentación, desigualdad y mercado

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Las elecciones alimentarias están profundamente condicionadas por factores económicos, sociales y culturales que generan desigualdades estructurales en el acceso, la calidad y la distribución de los alimentos. En economías de mercado, los beneficios nutricionales y ecológicos de los alimentos no siempre coinciden con su rentabilidad, lo que favorece la producción y consumo de productos ultraprocesados en detrimento de la salud y el medio ambiente. Esta disociación se agrava con prácticas agrícolas intensivas, desigualdad de género y clase, y la falta de acceso a opciones saludables en contextos urbanos y rurales desfavorecidos. A lo largo de la historia y en distintos territorios, las preferencias alimentarias han reflejado relaciones de poder, roles sociales y estructuras de parentesco, haciendo visible la necesidad de avanzar hacia sistemas alimentarios más equitativos, sostenibles y conscientes.

Cuando el mar gana terreno

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Las costas nunca han sido lugares completamente estables, pero en las últimas décadas la subida del nivel del mar está acelerando cambios que antes ocurrían lentamente. Playas que se estrechan, dunas erosionadas, humedales que pierden espacio para desplazarse hacia el interior y acuíferos que se salinizan forman parte de una cadena de transformaciones que afectan tanto a los ecosistemas como a las sociedades humanas. En regiones como Doñana, el Delta del Ebro o diversas zonas del litoral mediterráneo y atlántico, estas dinámicas ya son visibles. Comprender cómo interactúan procesos geomorfológicos, ecológicos e hidrológicos es esencial para entender por qué las costas son uno de los territorios más sensibles al cambio climático.

Ladies and gentlemen: the Rolling Stones!

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Bueno, "rolling" lo que se dice "rolling", no tanto. Pero Racetrack Playa, en el Valle de la Muerte (California), es un lugar conocido por el fenómeno de las "piedras navegantes", que parecen moverse solas dejando huellas en el suelo. Aunque inicialmente se atribuyó el movimiento al viento, experimentos recientes sugieren que placas de hielo empujadas por brisas suaves son las responsables. A lo largo de los años, el fenómeno ha sido investigado por científicos utilizando GPS y cámaras de intervalos de tiempo, logrando observar el desplazamiento de estas piedras en condiciones específicas.

Color, carbono y vida en el suelo

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La superficie del suelo es marrón porque contiene carbono orgánico que no se descompone rápidamente. La materia vegetal se transforma en compuestos complejos y resistentes, como la lignina, y se estabiliza gracias a minerales y complejos con arcillas u óxidos de hierro. Los microorganismos degradan lentamente este carbono, creando horizontes oscuros que mejoran la estructura del suelo, retienen agua y actúan como sumideros de carbono, lo que lo convierte en un ecosistema funcional y sostenible.

La subida del nivel del mar explicada sin rodeos

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El nivel del mar está subiendo de forma inequívoca y cada vez más rápida, tal y como confirman mareógrafos, satélites y registros geológicos. Desde finales del siglo XIX el aumento acumulado ronda los 15–25 cm, pero lo preocupante es la aceleración reciente, ligada a la expansión térmica de los océanos y, sobre todo, a la pérdida masiva de hielo continental en glaciares, Groenlandia y la Antártida. Los ejemplos actuales -desde el Delta del Ebro hasta archipiélagos como Tuvalu- conectan directamente con lecciones del pasado geológico, como el Riss-Würm o el Plioceno, cuando pequeños aumentos de temperatura se tradujeron en océanos varios metros más altos. La ciencia es clara: cada décima de grado importa y las decisiones presentes condicionarán el alcance futuro de la subida del nivel del mar.

Clima mediterráneo: lluvia, erosión e inundaciones

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Las inundaciones en el clima mediterráneo no dependen solo de cuánto llueve, sino de cómo llueve y de cómo responde el suelo. Las precipitaciones intensas y concentradas saturan rápidamente suelos poco profundos, arcillosos o degradados, favoreciendo la escorrentía superficial, la erosión y el desbordamiento de cauces. Factores como el sellado superficial, la pérdida de estructura, los incendios forestales y una gestión inadecuada del territorio amplifican estos procesos. Proteger el suelo mediante cubiertas vegetales, prácticas de conservación y una buena gestión del drenaje es clave para reducir el riesgo de erosión e inundaciones en un escenario de cambio climático.

Los comienzos de la ciencia del suelo en Egipto

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La agricultura en el antiguo Egipto se desarrolló en torno al río Nilo, cuyas crecidas periódicas aportaban sedimentos fértiles y agua a los suelos del valle y del delta. Gracias a una gestión eficiente del agua, técnicas de riego avanzadas, un calendario agrícola ligado al ciclo fluvial y un conocimiento práctico del suelo, los egipcios lograron sostener una producción agrícola diversa y estable durante milenios. Este sistema permitió cultivar cereales, legumbres, hortalizas y plantas industriales, sentando algunas de las bases del conocimiento agronómico y edafológico posterior. ◼  Antonio Jordán López Cómo funcionaba la agricultura en el antiguo Egipto: Nilo, suelos, riego, cultivos y calendario agrícola La gestión del agua en la agricultura del antiguo Egipto Bueno, de sobra donde y cuando había, que si no había... pues no había. Esto, que parece una perogrullada era el  leit motiv  de la agricultura egipcia. El caso es que si había, se usaba de forma muy eficiente. ...

La subida del nivel del mar: Matalascañas como espejo del cambio climático

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La desaparición de la playa de Matalascañas este invierno evidencia la erosión costera acelerada por el aumento del nivel del mar, la urbanización y el tránsito humano. Las dunas ya no protegen la costa, el turismo obliga a reforzar paseos marítimos y el impacto se extiende a acuíferos, suelos agrícolas y ecosistemas como humedales y marismas. Este fenómeno no es aislado: afecta al delta del Ebro, la albufera de Valencia, la Manga del Mar Menor y el Parque Nacional de Doñana, mostrando cómo el cambio climático transforma la vida humana y los paisajes que creíamos eternos.

Los comienzos de la ciencia del suelo en Grecia y Roma

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En la antigüedad, diversas civilizaciones mediterráneas, como los fenicios, griegos y romanos, contribuyeron al desarrollo de la agricultura y el conocimiento de los suelos. Los griegos observaron el medio natural, diferenciaron tipos de suelo y sistematizaron cultivos como el cereal, el olivo y la vid, aunque no desarrollaron métodos científicos ni soluciones eficaces frente a la erosión y la sobreexplotación. Los romanos heredaron este saber y lo expandieron, introduciendo el uso de abonos, terrazas y tratados escritos como los de Catón, Varro y especialmente Columela, quien consolidó un enfoque más técnico y práctico. Este legado fue preservado durante la Edad Media y sentó las bases para el conocimiento agronómico posterior.