Negacionismo, inacción política y subida del nivel del mar

El nivel del mar está subiendo por el cambio climático y sus impactos ya son visibles en costas de todo el mundo. El negacionismo y la inacción política retrasan respuestas eficaces, aumentando riesgos sociales, económicos y ambientales.


 Antonio Jordán López

El avance del nivel del mar: negacionismo e inacción política


Edificios en primera línea de costa en Sant Antoni de Portmany (Ibiza).
Edificios en primera línea de costa en Sant Antoni de Portmany (Ibiza). El número de infraestructuras próximas al mar es alarmante ante una posible subida del nivel de las aguas. S.O.S. Paisajes de Mar/Flickr.


Podemos empezar este post con una lectura interesante escrita por un señor con gafas:

Ya era demasiado tarde, claro. El calentamiento global iniciado antes del Primer Pulso ya estaba en su apogeo por aquel entonces y no podía detenerse por nada que pudiera hacer la gente pospulso. Así que, a pesar de «cambiarlo todo» y eliminar los combustibles fósiles tan rápido como debieron haberlo hecho cincuenta años antes, siguieron cocinándose como insectos en una plancha. Ni siquiera la liberación de varios millones de toneladas de dióxido de azufre en la atmósfera para simular una erupción volcánica y así desviar una buena parte de rayos solares (que redujo las temperaturas durante un par de décadas), un proyecto intentado en la década de 2060 con gran fanfarria y rechinamiento de dientes, fue suficiente para detener el calentamiento. El calor relevante ya se había asentado en lo profundo de los océanos, y no iría a ninguna parte a corto plazo, por mucho que la gente jugase con el termostato global imaginando que gozaba de poderes divinos. Pues no era el caso.

Fue ese calor oceánico el que causó el Primer Pulso y, más tarde, el Segundo. La gente a veces dice que nadie lo vio venir, pero se equivoca: vaya si lo vieron. Los paleoclimatólogos analizaron la situación y comprobaron que los niveles de CO2 habían subido de 280 a 450 partes por millón en menos de tres siglos, mucho más que en el resto de los 5.000 millones de años de existencia del planeta (¿podemos hablar del «Antropoceno»?). Investigaron el registro geológico en busca de las mejores analogías para este hecho sin precedentes y dijeron «¡Hala!». Dijeron: «La hostia». «¡Eh, gente! —dijeron—, ¡el nivel del mar va a subir! Durante el periodo interglaciar, que hemos estado analizando, el aumento de la temperatura solo fue la mitad del que hemos provocado nosotros», y se vio seguido inmediatamente por un rápido y dramático ascenso del nivel del mar. Lo expresaron en modo pegatina de parachoques: «¡A esta liberación sin precedentes de CO2 le seguirá un masivo aumento del nivel del mar!». Publicaron artículos, gritaron e hicieron aspavientos con los brazos. Algunos escritores de ciencia ficción, astutos y muy meditabundos, escribieron lúgubres relatos acerca de tan funesta eventualidad mientras el resto de la civilización seguía incendiando el planeta como si fuera la obra maestra de un pirómano. En serio, esa era la consideración de aquellos cabezas de chorlito hacia sus nietos, así creían a sus científicos, a pesar de que tan pronto como sentían el menor resfriado acudían al científico más cercano (a saber, un médico) en busca de ayuda.

Pero bueno, uno no se imagina que una catástrofe se le pueda echar encima de verdad hasta que lo hace. La gente sencillamente carece de esa capacidad mental. De tenerla, se quedaría paralizada de miedo cada dos por tres, porque algunas catástrofes garantizadas que amenazan con caerte en la cabeza son imposibles de evitar (como la muerte), de modo que la evolución ha tenido la amabilidad de dotarnos de un punto ciego estratégicamente situado, una incapacidad de imaginar los desastres futuros mínimamente creíbles para que así podamos seguir funcionando, por estúpido que pueda sonar. Es una aporía, como dirían los griegos y nuestros intelectuales, un «no ver». Así que bien. Útil. Salvo cuando es desastrosamente nocivo.

Kim Stanley Robinson. Nueva York 2140 (2017).

Si a la vista del siguiente gráfico, usted no se siente alarmado es por ese punto ciego en su cerebro que menciona el señor con gafas:


 

El nivel del mar ya está subiendo (y no espera a nadie)

Durante décadas, la ciencia ha sido clara: el cambio climático no es una amenaza futura, es una realidad presente. Informes científicos, observaciones satelitales y registros históricos coinciden en lo mismo: el nivel del mar está subiendo y lo está haciendo cada vez más rápido.



Sin embargo, entre el negacionismo climático y la lentitud política, la respuesta ha quedado muy por detrás del problema.

Y aquí no hablamos solo de debates técnicos. Ignorar estas evidencias tiene consecuencias directas. La erosión del litoral, las inundaciones recurrentes o la degradación de ecosistemas no son escenarios hipotéticos: ya están ocurriendo. Cada decisión pospuesta es, en la práctica, una decisión que aumenta la vulnerabilidad de millones de personas.

¿Qué pasa cuando mirar hacia otro lado deja de ser una opción?

Señales visibles de un problema global

Aquí no hablamos solo de teoría. Los efectos del aumento del nivel del mar ya son visibles y cotidianos. La erosión del litoral, las inundaciones recurrentes o la degradación de ecosistemas han dejado de ser escenarios futuros para convertirse en realidades presentes.


Rocas costeras redondeadas por la erosión del mar, parcialmente cubiertas de musgo y rodeadas por agua en movimiento, en la costa de la isla de Møn, Dinamarca.
Erosión costera causada por el mar y las olas. Las piedras se redondean por el movimiento del agua. La foto fue tomada en la costa de la isla de Møn, Dinamarca. Jennifer Ziesch/Imaggeo.


Cada decisión pospuesta aumenta la vulnerabilidad de millones de personas.

¿Qué ocurre cuando mirar hacia otro lado deja de ser posible?

Costas en riesgo

El cambio climático se entiende mejor cuando se observa sobre el terreno. En España, algunos ejemplos son especialmente reveladores. En Matalascañas, el mar avanza sobre el paseo marítimo. En la Albufera de Valencia, el delicado equilibrio entre agua dulce y salada está en peligro. Y en el delta del Ebro, la combinación de subsidencia y subida del mar está reduciendo su superficie año tras año.


Daños en el paseo marítimo de Matalascañas tras el temporal, con tramos de acera derrumbados, farolas inclinadas y escombros junto a las viviendas frente al mar tras la borrasca Francis en enero de 2026.
Daños causados por el oleaje en Matalascañas (Huelva), tras el paso de la borrasca Francis en enero de 2026. Paco Puentes/El País.


Pero este fenómeno no se detiene en nuestras costas. Las islas bajas del Pacífico, como Tuvalu o Kiribati, ya no discuten si el mar subirá, sino cuándo deberán abandonar sus tierras. Estos territorios no son metáforas ni advertencias abstractas: son vidas reales, culturas enteras, economías locales que se enfrentan a una cuenta atrás. Y lo hacen mientras muchos gobiernos siguen apostando por soluciones parciales, por parches que no abordan el problema de raíz, o por discursos que dilatan decisiones urgentes en nombre de intereses inmediatos.

Veo una antigua línea de marea alta: la recuerdo de los viajes de los Jardineros a la playa de Heritage Park. Era tierra seca antes de que el nivel del mar subiera tanto, y de todos los huracanes: eso lo aprendimos en la escuela. Las gaviotas planean en lo alto y anidan en las azoteas.

Margaret Atwood. El año del diluvio (2009).

¿Tiene sentido seguir aplicando parches a un problema que crece cada año?

Evidencia científica: por qué el mar no deja de subir

La ciencia no deja lugar a dudas: el cambio climático es real, está causado por la actividad humana y está acelerando el ascenso del nivel del mar. Por un lado, el agua del océano se expande al calentarse (expansión térmica). Por otro, el deshielo de glaciares y grandes masas de hielo añade más agua al sistema.


Playa de Blankenberge al atardecer, con líneas onduladas en la arena formadas por la marea y el cielo iluminado por tonos cálidos reflejados en la superficie húmeda.
Playa de Blankenberge (Bélgica). Glenn Strypsteen/Imaggeo


Cada tonelada de CO₂ emitida hoy es una deuda que pagarán las generaciones futuras en forma de desplazamientos forzados, pérdida de biodiversidad, crisis alimentarias y conflictos por el agua y el territorio.

Cada tonelada de CO₂ emitida intensifica los efectos del cambio climático. Y lo hace con una inercia importante: aunque las emisiones se detuvieran hoy, el aumento del nivel del mar continuaría durante décadas.

Cada año perdido sin reducir emisiones, cada euro invertido en infraestructuras que no contemplan la nueva realidad climática, es un paso más hacia escenarios de mayor sufrimiento y menor margen de maniobra.

Las consecuencias son múltiples: desplazamientos de población, pérdida de biodiversidad, salinización de acuíferos, daños en infraestructuras y riesgos para la producción de alimentos. No es un problema aislado, sino un efecto en cadena que conecta clima, territorio y sociedad. Entonces, la pregunta clave es: ¿cuánto margen de maniobra queda?

Actuar ya: menos discurso, más decisiones

Proteger las costas no es solo una cuestión ambiental, sino una prioridad social y económica, una responsabilidad urgente. Adaptación y mitigación deben avanzar juntas: reducir emisiones y, al mismo tiempo, prepararse para los impactos inevitables.

Esto implica planificación a largo plazo, inversiones sostenidas y políticas basadas en evidencia científica. También requiere una ciudadanía informada, capaz de exigir coherencia y ambición en la toma de decisiones.

Porque el mar no espera. Cada año de inacción reduce las opciones disponibles y aumenta los costes futuros. Negar la realidad no detendrá el cambio climático, pero sí amplificará sus consecuencias. Y en ese contexto, la inacción deja de ser neutral: se convierte en una elección con impacto directo sobre el futuro de millones de personas.

¿Vamos a condenar a millones de personas a perder sus hogares, sus medios de vida y su derecho a un futuro habitable? Eso, en pleno siglo XXI, no es solo una tragedia: es una elección política.

Pues mientras siga votándose a personas que no aprovecharon el colegio, como el siguiente exaltado e iletrado señor, seguiremos en la tragedia:



Resumen

  1. El nivel del mar está subiendo de forma acelerada por el cambio climático.
  2. Los impactos ya son visibles en costas de todo el mundo, incluida España.
  3. El negacionismo y la inacción política retrasan respuestas eficaces.
  4. La ciencia explica claramente las causas y advierte de sus consecuencias.
  5. Actuar ahora reduce riesgos; posponer decisiones los multiplica.


Preguntas para pensar un poco

¿Has observado evidencias de la subida del nivel del mar?

¿Qué coste real tiene retrasar decisiones frente al cambio climático?

¿Estamos adaptando nuestras costas al ritmo que exige la ciencia?

¿Qué papel debe jugar la ciudadanía en exigir políticas climáticas?

¿Qué territorios serán más vulnerables en las próximas décadas?


¿Estamos invirtiendo en soluciones o en prolongar el problema?

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