El suelo está lleno de plástico

Los microplásticos no solo contaminan los océanos: también se acumulan en los suelos, especialmente en los agrícolas. Pueden llegar mediante compost, lodos de depuradora, fertilizantes, acolchados, invernaderos, sistemas de riego y otros materiales plásticos utilizados en agricultura. Una vez en el suelo, pueden afectar a microorganismos, lombrices y otros organismos edáficos, además de alterar algunas propiedades y funciones del suelo. Aunque todavía conocemos mucho menos sobre los microplásticos terrestres que sobre los marinos, todo apunta a que constituyen una amenaza ambiental que apenas estamos empezando a comprender.


◼ Antonio Jordán López

Figuras de Barbie Halloween Enchantress y el gato Crescent de Monster High colocados juntos, mostrando sus trajes temáticos y detalles característicos.
Barbie Halloween Enchantress y Crescent, el icónico gato de Monster High. puuikibeach/Flickr.


Del océano al suelo: los microplásticos también están contaminando nuestros suelos

Del océano al suelo

Cuando hablamos de contaminación por plásticos solemos pensar en los océanos. Las conocidas «islas de plástico» se han convertido en uno de los símbolos de este problema.

Sin embargo, una parte importante de los plásticos que terminan en el mar procede de los ecosistemas terrestres.


Muestras de microplásticos del río Patapsco observadas sobre fondo negro, con fragmentos translúcidos, azules y beige recolectados para el estudio de la Bahía de Chesapeake (EEUU).
Microplásticos del río Patapsco analizados en el laboratorio del Dr. Lance Yonkos (Universidad de Maryland). El estudio revela que su presencia en la cuenca de la Bahía de Chesapeake aumenta con la densidad poblacional y el desarrollo urbano. Chesapeake Bay Program/Flickr.


Durante la última década, se han realizado varios intentos para definir formalmente la amplia categoría de contaminantes identificados como "microplásticos", un término que se empleaba anteriormente sin coherencia dentro o entre los distintos campos de investigación. Para mayor confusión, muchos investigadores también utilizan el término "mesoplásticos" para englobar partículas que se sitúan en el extremo superior del rango de tamaño de los microplásticos. La clasificación y categorización de los microplásticos ha variado según la disciplina, lo que ha dado lugar a la aparición de terminología y definiciones comunes; sin embargo, la ambigüedad persistente ha generado algunas ideas erróneas incluso entre personas ajenas a la investigación (por ejemplo, reguladores, medios de comunicación) y puede afectar posteriormente al desarrollo de la comprensión pública, políticas significativas y medidas efectivas.métodos de mitigación. Un grupo de científicos internacionales propuso recientemente un marco para las definiciones de plástico, considerando los impactos biológicos y los puntos finales, así como otros temas interdisciplinarios importantes, lo que sugiere que el tamaño no es el factor descriptivo más importante.

[...]

Dejando de lado este debate en curso, el tamaño es actualmente el criterio más comúnmente utilizado para definir los plásticos, y las clases de tamaño normalmente se registran como nano-, micro-, macroplásticos. El tamaño de partícula es de relevancia ecológica porque el tamaño determina la interacción con la biota y el destino ambiental . El rango de tamaño de partículas denominado " microplásticos " no tiene una justificación científica clara y a menudo es objeto de controversia. El límite superior más utilizado es de 5  mm, como propuso la NOAA, parcialmente informado por la disponibilidad de partículas pequeñas para la ingestión por la biota marina .

Durante mucho tiempo, la investigación sobre microplásticos se concentró en mares y ríos. Los primeros registros de microplásticos en ecosistemas marinos se remontan a la década de 1970 y, posteriormente, se documentó su presencia en ríos y lagos.

N. A. Welden y A. Lusher (2020). Microplastics: from origin to impacts. Plastic waste and recycling. En: Plastic Waste and Recycling (Ed.: Trevor M. Letcher). Academic Press. Pp.: 223-249. DOI: 10.1016/B978-0-12-817880-5.00009-8.

Los suelos, en cambio, recibieron mucha menos atención.

Esto resulta especialmente llamativo porque los ecosistemas terrestres pueden actuar como una importante fuente de microplásticos para las aguas continentales y los océanos. Algunas estimaciones indican que las cantidades de microplásticos que llegan a los suelos pueden ser varias veces superiores a las que alcanzan directamente los océanos.

¿Cómo llegan los microplásticos al suelo?

Los microplásticos pueden llegar a los suelos agrícolas a través de numerosas vías.

Una de ellas es la aplicación de materiales orgánicos, como compost o lodos de depuradora. Si estos materiales contienen partículas plásticas y no se eliminan durante su tratamiento, pueden terminar incorporándose al suelo.


Se ha estimado que la abundancia de microplásticos en los sistemas agrícolas es muy elevada, especialmente cuando se utilizan aguas residuales tratadas y biosólidos en la agricultura para riego y como fertilizante. Se estima que entre 63.000 y 430.000 toneladas de microplásticos pueden ingresar anualmente a los agroecosistemas en Europa, en comparación con las 44.000 a 300.000 toneladas anuales en América del Norte. Con base en la cantidad de partículas identificadas en lodos de depuradora y los detalles de la aplicación de lodos de depuradora en Noruega, se realizó un cálculo similar. Se estimó que aproximadamente 446 mil millones de partículas de microplásticos se esparcen en suelos agrícolas, 27 mil millones de partículas de microplásticos se agregan a áreas verdes y 112 mil millones de partículas de microplásticos se envían a productores de suelo por año, lo que equivale a más de 584 mil millones de microplásticos liberados al medio ambiente a través de la aplicación de lodos de depuradora cada año en Noruega. Además, la presencia de partículas en los ecosistemas terrestres puede facilitar el transporte de contaminantes orgánicos en el suelo. Si los microplásticos persisten y se acumulan en los suelos, pueden tener impactos directos significativos en la agricultura y en el funcionamiento y la biodiversidad de los ecosistemas terrestres. Por lo tanto, es importante identificar la acumulación y las tendencias temporales, de la misma manera que en los entornos marinos y costeros.

N. A. Welden y A. Lusher (2020). Microplastics: from origin to impacts. Plastic waste and recycling. En: Plastic Waste and Recycling (Ed.: Trevor M. Letcher). Academic Press. Pp.: 223-249. DOI: 10.1016/B978-0-12-817880-5.00009-8.

 

Primer plano de tubos corrugados de plástico de color rojo intenso, apilados en paralelo y mostrando su textura repetitiva y brillante.
Tubos corrugados de plástico apilados. Pequenolimon/Flickr.


También existen los llamados microplásticos añadidos intencionadamente. Son partículas o polímeros que se incorporan deliberadamente a determinados productos para cumplir funciones concretas.

En agricultura pueden encontrarse, por ejemplo, en algunos fertilizantes de liberación controlada, cuyos gránulos están recubiertos con polímeros. También se utilizan polímeros en recubrimientos de semillas, materiales destinados a la remediación de suelos y productos capaces de absorber agua.

Pero buena parte de la contaminación procede simplemente del enorme uso de plástico que caracteriza a la agricultura moderna.


En lo alto se ciernen las torres de la antigua Expansión de Bangkok, embozadas en mantos de hiedra y moho, con las ventanas rotas por las explosiones tiempo ha, roídos a conciencia sus gigantescos esqueletos. Sin aire acondicionado ni ascensores que las vuelvan habitables, se yerguen ampollándose al sol. Por sus poros escapan las características humaredas negras que produce el fuego alimentado con estiércol ilegal, delatando el emplazamiento de refugiados malayos que se apresuran a escaldar los chapatis y hervir el kopi antes de que los camisas blancas tengan ocasión de irrumpir en las sofocantes alturas y los vapuleen como castigo por la infracción.

Los refugiados de la guerra del carbón, llegados del norte, se postran con las manos elevadas al cielo en medio del tráfico y proclaman con asombrosa elegancia la necesidad que los acucia. La marea de bicicletas, rickshaws y megodontes se abre a su alrededor como el agua en torno a las piedras de un río. El fa' gan ha dejado la boca y la nariz de los mendigos infestadas de pústulas como cabezas de coliflor. La nuez de areca les tiñe los dientes de negro. Anderson mete una mano en el bolsillo, arroja un puñado de monedas a sus pies y acepta los correspondientes wais de gratitud con un delicado ademán mientras pasa por su lado sin detenerse.

Poco después divisa las paredes y las callejuelas encaladas del polígono industrial farang. Los almacenes y las fábricas se agolpan como el olor a salitre y pescado podrido. A lo largo de los callejones se distribuye una costra de vendedores ambulantes con jirones de lonas y mantas extendidos sobre las cabezas para resguardarse del abrasador asalto del sol. Tras ellos se yergue el sistema de diques y compuertas del rompeolas del rey Rama XII, encargado de contener las embestidas del océano azul.

Paolo Bacigalupi. La chica mecánica. (2009).


Restos de plástico agrícola desgarrados y atrapados en una alambrada, moviéndose con el viento sobre un paisaje rocoso y árido.
Fragmentos de plástico agitados por el viento en una alambrada, vestigio de la huella humana en el entorno rural. Óscar/Flickr.


Invernaderos, túneles, acolchados, tuberías de riego, mangueras, envases, herramientas y maquinaria contienen plástico. Su bajo coste, su resistencia y las ventajas que ofrece para mejorar la producción han convertido este material en prácticamente indispensable en muchas explotaciones.


Imagen de microfibras de plástico sin degradar, mostrando filamentos finos y fragmentos translúcidos utilizados en estudios de contaminación ambiental.
Microfibras de plástico. Estas fibras, persistentes y ligeras, representan una de las formas más comunes de microplásticos en el medio ambiente. Sherri A. "Sam" Mason/Michigan Sea Grant/Flickr.


El problema aparece cuando esos materiales se deterioran.

La radiación ultravioleta, las altas temperaturas, la lluvia, el viento y el propio uso pueden provocar la fragmentación de los plásticos. Con el tiempo, los grandes residuos pueden transformarse en partículas cada vez más pequeñas.

Así es como el plástico acaba formando parte del suelo.

Debido a su naturaleza recalcitrante, los microplásticos pueden permanecer durante mucho tiempo en los suelos y las aguas subterráneas, que son los recursos naturales más importantes . Por ejemplo, las fibras sintéticas del estiércol de lodos se pueden encontrar en el suelo después desiendo aplicado durante 15 años. Las resinas de poliestireno , cloruro de polivinilo y urea formaldehído pueden permanecer en el suelo durante más de 32 años sin ningún signo de biodegradación. Los microplásticos contienen varios tipos de aditivos como plastificantes , retardantes , antioxidantes y fotoestabilizadores, que tienen fuertes efectos tóxicos en los ecosistemas. 

Shunan Dong, Zebin Yu, Jun Huang y Bin Gao (2022). Chapter 9: Fate and transport of microplastics in soils and groundwater. En: Emerging Contaminants in Soil and Groundwater Systems: Occurrence, Impact, Fate and Transport (Ed. Bin Gao). Elsevier. DOI: 10.1016/B978-0-12-824088-5.00001-X.


Muñeco de plástico pequeño y desnudo, tumbado de lado sobre una superficie rugosa y oscura con otros restos cerca.
Muñeco de plástico abandonado. cainSan/Flickr.


El compost también puede transportar microplásticos

La separación de residuos es fundamental.

Cuando la fracción orgánica de nuestros residuos se separa correctamente, puede compostarse y convertirse en un recurso útil para el suelo. Pero si los residuos plásticos terminan mezclados con la materia orgánica y no pueden eliminarse durante el proceso, pueden acabar incorporándose al compost.

Un estudio realizado en plantas de compostaje de residuos urbanos encontró entre 5 y 20 partículas de microplásticos por gramo de compost. Si estas concentraciones se extrapolan al volumen de compost producido anualmente, las cantidades potencialmente incorporadas a los suelos agrícolas son enormes.


Vista microscópica de microlitter marino del Golfo de Finlandia, con fibras plásticas azules entrelazadas y partículas orgánicas adheridas sobre fondo claro.
Microplásticos y fibras sintéticas observadas en una muestra de microlitter marino del Golfo de Finlandia. Las partículas tienden a adherirse a materia orgánica, formando estructuras complejas bajo el microscopio. MakeevaIN/Wikimedia Commons.


Esto plantea una paradoja interesante.

El compostaje permite devolver materia orgánica y nutrientes al suelo y forma parte de una estrategia de economía circular. Pero para que ese ciclo sea realmente circular, también es necesario evitar que los residuos plásticos entren en él.

No basta con reciclar. También hay que separar correctamente los materiales desde el principio.

Los microplásticos también afectan a los organismos del suelo

El suelo no es simplemente una mezcla de partículas minerales y materia orgánica. Es un ecosistema lleno de organismos.

Entre ellos se encuentran las lombrices, que desempeñan funciones esenciales en la formación y mantenimiento de la estructura del suelo y en el reciclado de nutrientes.

Pero el problema no termina ahí

Las lombrices producen materiales orgánicos que pueden utilizarse como biofertilizantes. Los estudios realizados también han observado una disminución de nutrientes esenciales, como nitrógeno, fósforo y potasio, en los productos generados por lombrices expuestas a microplásticos.

Por tanto, la contaminación puede afectar tanto a los organismos del suelo como a algunas de las funciones que estos organismos desempeñan.

¿Qué le hacen los microplásticos al suelo?

Todavía sabemos mucho menos sobre los microplásticos en los suelos que sobre los que se encuentran en los ecosistemas acuáticos.

La complejidad del suelo dificulta enormemente su estudio. Las partículas pueden desplazarse, quedar retenidas entre los agregados, interactuar con la materia orgánica y entrar en contacto con microorganismos y fauna edáfica.

▶ La vida bajo tierra


Conjunto de microplásticos de distintos colores y formas sobre fondo blanco, mostrando fragmentos y microesferas recolectados en estudios de contaminación marina.
Microplásticos de diversas procedencias observados bajo luz directa. Estas partículas, presentes en océanos y hábitats acuáticos, ilustran la creciente preocupación ambiental por la contaminación plástica. 5Gyres/Oregon State University/Flickr..


Aun así, las investigaciones disponibles indican que los microplásticos pueden afectar a diferentes propiedades y procesos del suelo.

Se han descrito efectos sobre la actividad microbiana y sobre organismos como lombrices y microartrópodos. Además, los propios plásticos pueden actuar como superficies capaces de transportar otros contaminantes y liberar sustancias asociadas a los materiales con los que se fabrican.

En conjunto, estos procesos pueden alterar las propiedades fisicoquímicas del suelo y, con ellas, algunas de sus funciones y servicios ecosistémicos.

Y esto es especialmente importante porque el suelo es un recurso que no podemos sustituir a escala humana.

Un ejemplo básico de cómo el empleo del plástico en agricultura puede tener una cara oculta adversa lo encontramos en el difundido uso de los mantos, que, aunque más discretos que los invernaderos, aparecen en Europa hasta cuatro veces mas que estos. Supongo que todos los hemos visto alguna vez. Son lineas de plastico oscuro bien aferradas al suelo, en cuyo interior hay tierra junto a semillas o plantones del cultivo en cuestión. Las plantas crecen a través de rendijas y agujeros facilitados por el agricultor, beneficiándose de tener temperatura y humedad más altas que si estuvieran a la intemperie. Entre otros beneficios de esta técnica tan difundida se encuentran la obtención de una mayor produccion, cosechas mas tempranas, la ausencia de malas hierbas que requieran del uso de herbicidas, una menor erosión del suelo, mayor protección frente a heladas, e incluso un uso más eficiente del agua.

Álvaro Luna. La era del plástico (2020).

Una amenaza que todavía estamos empezando a comprender

El plástico ha transformado nuestra sociedad

Desde mediados del siglo XX, su utilización se ha extendido a prácticamente todos los ámbitos de nuestra vida. En agricultura ha permitido desarrollar invernaderos, sistemas de riego, acolchados y numerosos sistemas de producción que han reducido costes y aumentado la productividad.

El problema no es únicamente el plástico

El problema es la enorme cantidad que utilizamos, la dificultad para recuperarlo y reciclarlo y, sobre todo, qué ocurre con él cuando deja de ser útil.

Una parte termina en vertederos. Otra se incinera. Otra acaba dispersa en el medio ambiente. Y otra se fragmenta lentamente hasta convertirse en partículas que resultan mucho más difíciles de detectar y eliminar.

Los microplásticos son, en cierto modo, la consecuencia microscópica de un problema gigantesco.

Y el suelo está acumulando parte de esa contaminación

Todavía quedan muchas preguntas por responder. Necesitamos conocer mejor cuánto plástico entra en los suelos, cuánto tiempo permanece allí, cómo se mueve, cómo interacciona con los microorganismos y la fauna edáfica y qué consecuencias tiene a largo plazo sobre las funciones del suelo.

También necesitamos desarrollar métodos eficaces para reducir la entrada de microplásticos en el medio ambiente y eliminar, cuando sea posible, los que ya están presentes.

Reducir el uso de plástico, mejorar la gestión de los residuos, aumentar las tasas de reciclaje y buscar alternativas allí donde sean viables son medidas necesarias. También lo es investigar nuevos materiales y bioplásticos.

Pero estos últimos tampoco son una solución mágica

La etiqueta «bioplástico» no significa necesariamente que un material sea inocuo para el medio ambiente ni que desaparezca rápidamente en cualquier condición.

La historia de la vida sobre la Tierra demuestra que los organismos son extraordinariamente buenos colonizando nuevos ambientes. Ahora hemos creado uno nuevo, distribuido por prácticamente todo el planeta.

La vida ya lo ha colonizado.

¿Qué consecuencias tendrá para el resto del ecosistema que ese nuevo hábitat sea de plástico?


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Resumen

  1. Resumen en 10 frases.

  1. La contaminación por plásticos no es exclusiva de los océanos, ya que una parte importante de los residuos plásticos termina en los ecosistemas terrestres y, especialmente, en los suelos.
  2. Los suelos agrícolas pueden recibir microplásticos procedentes de compost, lodos de depuradora, fertilizantes, recubrimientos de semillas y otros materiales utilizados en agricultura.
  3. El enorme uso de plásticos en invernaderos, acolchados, sistemas de riego, envases y maquinaria constituye otra fuente importante de contaminación.
  4. La radiación ultravioleta, las altas temperaturas, la lluvia, el viento y el uso pueden fragmentar estos materiales hasta convertirlos en partículas cada vez más pequeñas.
  5. El compost puede transportar microplásticos al suelo cuando los residuos plásticos se mezclan con la materia orgánica y no son eliminados durante el tratamiento.
  6. Los microplásticos pueden afectar a los organismos del suelo, como las lombrices, provocando alteraciones fisiológicas y estrés oxidativo.
  7. La exposición a microplásticos también puede reducir la cantidad de nutrientes como nitrógeno, fósforo y potasio presentes en los productos generados por las lombrices.
  8. Estas partículas pueden modificar propiedades y procesos del suelo e interactuar con microorganismos, fauna edáfica, materia orgánica y otros contaminantes.
  9. Aunque todavía conocemos mucho menos sobre los microplásticos en los suelos que sobre los presentes en los ecosistemas acuáticos, su acumulación plantea una amenaza para las funciones y servicios ecosistémicos del suelo.
  10. Reducir el uso de plástico, mejorar la gestión de residuos, investigar materiales alternativos y comprender mejor el destino de los microplásticos son pasos necesarios para evitar que el suelo se convierta en otro gran reservorio de contaminación.


Preguntas para pensar un poco

¿Cuánto plástico utilizas habitualmente sin pensar demasiado en qué ocurrirá con él cuando deje de ser útil?

Cuando separas tus residuos, ¿eres consciente de que una mala separación puede terminar llevando plásticos hasta el compost que después se aplica al suelo?

¿Has pensado alguna vez que el plástico de un invernadero, un acolchado agrícola o una tubería de riego puede acabar convertido en microplásticos?

¿Por qué crees que prestamos más atención al plástico que vemos flotando en el mar que al que se acumula en el suelo?

Cuando compras alimentos producidos con ayuda de plásticos agrícolas, ¿te has preguntado qué ocurre con esos materiales después de la cosecha?

¿Qué consecuencias puede tener que las lombrices y otros organismos del suelo estén expuestos continuamente a microplásticos?

¿Podría el plástico que utilizamos para facilitar la producción de alimentos terminar afectando a las funciones del suelo de las que depende esa misma producción?

¿Consideras que los bioplásticos pueden resolver el problema o simplemente trasladarlo a otro lugar?

¿Qué cambios en nuestros hábitos cotidianos podrían reducir realmente la cantidad de plástico que termina en el medio ambiente?

Si los microplásticos ya están presentes en prácticamente todos los ecosistemas, ¿qué consecuencias crees que podría tener que una parte de ellos permanezca durante décadas en nuestros suelos?


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