Entendiendo El Niño 2026-2027 (4): la lluvia no siempre es una buena noticia
Europa llega al final del verano de 2026 con suelos sometidos a una fuerte presión por el calor y la sequía. Pero el problema no termina cuando vuelve la lluvia: un suelo seco, desnudo o degradado puede infiltrar menos agua y favorecer la escorrentía y la erosión cuando llegan precipitaciones intensas. A esta secuencia se suman los incendios, que eliminan la cubierta vegetal y pueden dejar el suelo especialmente expuesto. En determinadas regiones, El Niño puede contribuir a generar condiciones cálidas o secas que aumenten estos riesgos, aunque no existe una relación automática entre El Niño, incendios y degradación del suelo. La desertificación aparece cuando estas perturbaciones se combinan con factores como la erosión, los incendios, el sobrepastoreo, la agricultura inadecuada o la pérdida de materia orgánica.
◼ Antonio Jordán López
El Niño y el suelo: una cadena de problemas
Europa llega a este episodio con el suelo ya bajo presión
| Cárcava sobre una colina agrícola, mostrando cómo la erosión hídrica puede degradar el suelo y comprometer la productividad en paisajes mediterráneos. Antonio Jordán/Flickr. |
Durante 2026, distintas zonas de Europa han experimentado ya episodios importantes de calor y sequía. Estos episodios han tenido grandes impactos económicos:
Dos grandes olas de calor — del 17 al 30 de junio (el junio más caluroso jamás registrado en Europa Occidental, +3,06 °C, con récords históricos en Polonia, República Checa, Alemania, Hungría) y del 4 al 19 de julio (el julio más seco en España desde 1961, el más seco jamás registrado en Irlanda, −70 por ciento en Francia) — convirtieron este déficit en una sequía agrícola generalizada. El 12 de agosto de 2026, la Comisión Europea estimó que el 50 por ciento del territorio estaba en estado de ‘vigilancia’, ‘alerta’ o ‘alerta’ y el 9 por ciento en ‘alerta’, con el Loira, el Po, el Rin y el Danubio en niveles récord bajos.
La temporada de cultivo de 2026 se caracterizó por el inicio temprano del fenómeno (la primavera más seca registrada en Austria y la República Checa, con sequía ya establecida en marzo en Europa Central, y el 39 por ciento del territorio de la UE experimentando sequía a mediados de febrero) y por la concentración de la alerta en la cuenca del Danubio Medio (afectada el 65 por ciento de Hungría) y Francia (más de 70 departamentos en crisis de sequía a mediados de agosto y el 63 por ciento de los niveles de agua subterránea por debajo de lo normal a 1 de agosto).
En cuanto a la agricultura, a finales de julio la Comisión revisó a la baja su previsión de producción de cereales para la UE-27 a 262,8 Mt (−9,3 por ciento respecto a 2025). A finales de julio, 2026 ya se perfilaba como el peor año desde 2003 para el trigo húngaro (−29 por ciento respecto a la media) y el trigo austríaco (−19 por ciento), y el segundo peor año registrado para el maíz francés tras 1976 (más de −18 por ciento). Las estimaciones de agosto muestran que la situación de 2026 en los rankings históricos se deteriorará aún más para Francia (maíz), República Checa, Alemania, Hungría, Croacia y Eslovenia.
En cuanto a la ganadería, los indicadores cualitativos de julio-agosto (Francia: −10 a −20 por ciento de la cosecha habitual; pastizales en 0–10 por ciento de los niveles normales en Eslovaquia; sacrificio de rebaños ya en marcha en Eslovenia; escasez de forraje en Alemania, Austria y Países Bajos) generan temores de una crisis de forraje para el invierno de 2026–27.
Más allá de las medidas de emergencia necesarias para salvaguardar el flujo de caja agrícola y prevenir una espiral de sacrificio de ganado, deben tomarse medidas fundamentales para reforzar la resiliencia de los sistemas agrícolas: mejorar la salud del suelo y la capacidad de almacenamiento de agua, modernizar y mejorar la eficiencia de las redes de riego, y desarrollar una capacidad de almacenamiento adecuada.
[...]
Sin una inversión estructural masiva, cada nuevo episodio de sequía corre el riesgo de socavar aún más la producción agrícola y, en última instancia, la seguridad alimentaria europea, al tiempo que conduce a la desertificación social y económica de regiones enteras.
La sequía de 2026: el corazón agrícola de la Unión Europea se ha golpeado con fuerza. ASAJA (01/09/2026).
En España, la cosa ha sido especialmente grave:
El mes de julio ha sido el de carácter más extremadamente seco y cálido desde el comienzo de la serie en 1961. En la España peninsular, el valor medio de precipitación fue de 4,3 mm, frente a un valor medio de los meses de julio de la serie de referencia 1991-2020 de 16,5 mm. Este carácter seco fue especialmente extremo en el norte peninsular. En Baleares y Canarias las precipitaciones medidas de julio fueron de 1,9 y 1,7 mm respectivamente.
Informe mensual de seguimiento de la situación de sequía y escasez. Agosto de 2026. Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.
En julio, el Servicio de Cambio Climático de Copernicus registró condiciones especialmente secas en amplias áreas de Europa occidental y central, con valores excepcionalmente bajos de humedad superficial del suelo en algunas zonas de España, Portugal, Francia, Alemania, Austria y Hungría. Estas condiciones favorecieron además una actividad excepcional de incendios forestales.
En el Mediterráneo central y occidental la situación de sequía también ha sido relevante. El Observatorio Europeo de la Sequía de Copernicus señaló en agosto condiciones de sequía críticas en buena parte de Europa, con especial incidencia en áreas del Mediterráneo central y occidental y del centro-sur europeo.
El mes de agosto de 2026 es, hasta ahora, el mes más cálido jamás registrado:
Y, de hecho, es la mayor anomalía térmica desde la era preindustrial (antes de 1850) y la segunda vez que la temperatura media anual supera los 1.5 °C.
Esto introduce una cuestión muy importante: el impacto de una perturbación climática no depende solamente de lo que ocurre durante esa perturbación. También depende de cómo estaba el sistema antes de que llegara.
Un suelo que comienza el otoño con poca humedad responde de manera diferente a una precipitación intensa que otro suelo bien hidratado y cubierto de vegetación.
Cuando la lluvia llega después de la sequía, no todo son buenas noticias
A primera vista puede parecer que una temporada húmeda es siempre beneficiosa después de una sequía, pero esto no es necesariamente así.
▶▶▶ Clima mediterráneo: lluvia, erosión e inundaciones
Cuando un suelo permanece seco durante mucho tiempo, puede perder cobertura vegetal, desarrollar hidrofobicidad en determinados ambientes, compactarse o presentar una estructura superficial menos favorable para la infiltración. Si posteriormente llegan precipitaciones muy intensas, una parte importante del agua puede convertirse rápidamente en escorrentía.
| Fondo de laguna, agrietado y seco tras un período de sequía. billrdio/Flickr. |
El resultado puede ser una combinación paradójica: sequía primero y erosión después.
Sequía primero y erosión después
Cuando el suelo ha permanecido seco durante un tiempo (como suele ocurrir tras el verano), la superficie es menos porosa. Si llueve sobre un suelo desnudo o degradado es fácil que se acumule el agua y se forme escorrentía superficial que puede arrastrar partículas, formar surcos, movilizar sedimentos y terminar en cauces y embalses sin haber contribuido suficientemente a recargar el agua disponible en el suelo.
| La erosión del suelo reduce la superficie cultivable y arrastra sedimentos hacia ríos y embalses, afectando la productividad agrícola y la sostenibilidad del paisaje rural etíope. REACH: Improving water security for the poor/Flickr. |
Por eso no basta con preguntar cuánto ha llovido: también debemos preguntar cómo ha llovido, dónde ha llovido y sobre qué tipo de suelo ha caído el agua.
▶▶▶ Fluyendo juntos: explorando la interacción entre agua y sedimentos
El Niño también puede convertirse en un problema para los incendios
¿Existe relación entre los incendios y El Niño?
La relación entre El Niño y los incendios no es universal, pero en determinadas regiones el cambio de temperatura y precipitación puede contribuir a que aumente el riesgo de incendios forestales.
Una sucesión de temperaturas elevadas, déficit hídrico y baja humedad de la vegetación produce más cantidad de biomasa disponible para arder.
El problema no es únicamente el fuego
Después del incendio desaparece parte o toda la cubierta vegetal que protegía el suelo frente a la lluvia y al viento. Si posteriormente llegan precipitaciones intensas, aumenta la escorrentía y puede multiplicarse la erosión.
La cadena de acontecimientos puede esquematizarse así: calor → sequedad → vegetación estresada → incendio → pérdida de cubierta → lluvia intensa → erosión.
De esta forma, un episodio de El Niño puede contribuir indirectamente a aumentar la presión sobre los suelos en aquellas regiones donde favorezca condiciones más cálidas o secas.
Pero, una vez más, no debe establecerse una relación automática. Los incendios dependen de numerosos factores meteorológicos, ecológicos y humanos.
El Niño y el riesgo de desertificación
Aquí entramos en uno de los aspectos más interesantes desde el punto de vista de la ciencia del suelo, que es de lo que va este blog.
La desertificación no consiste simplemente en que un territorio se convierta en un desierto. Es un proceso de degradación de la tierra, particularmente relevante en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, en el que interactúan factores climáticos y actividades humanas.
▶▶▶ Desertificación y seguridad alimentaria
El Niño puede contribuir a crear condiciones favorables para desencadenar o intensificar algunos procesos de degradación cuando provoca sequías o alteraciones persistentes de la precipitación.
Pero El Niño, por sí solo, no causa desertificación
La desertificación aparece cuando las perturbaciones climáticas se combinan con factores como sobrepastoreo, deforestación, incendios, agricultura inadecuada, sobreexplotación de acuíferos, erosión, salinización o pérdida de materia orgánica. Esto es importante porque permite entender el problema desde una perspectiva más realista.
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Resumen
- La sequía de 2026 ha dejado los suelos europeos especialmente vulnerables ante el regreso de las lluvias.
- Un suelo seco y degradado puede transformar una lluvia intensa en escorrentía y erosión.
- Los incendios agravan el problema al eliminar la vegetación que protege el suelo.
- El Niño puede favorecer condiciones cálidas y secas que aumenten el riesgo de incendios y degradación en algunas regiones.
- La desertificación surge cuando el clima se combina con usos del territorio que aceleran la degradación del suelo.
Preguntas para pensar un poco
¿Puede una lluvia después de una sequía terminar siendo un problema para el suelo?
¿Qué ocurre cuando el agua llega de golpe a un suelo seco y sin vegetación?
¿Puede un incendio dejar preparado el terreno para que la siguiente tormenta provoque más erosión?
¿Hasta qué punto puede El Niño influir en lo que ocurre bajo nuestros pies?
¿Cuándo una sequía deja de ser un episodio climático y empieza a favorecer la desertificación?
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